Ro souTULLO . Caricatura de TOVAR
Luis MANZANO y Manuel de GOA'GORA La paz del molino
)S campesinos R. GONZALEZ DEL TORO
60 CENTIMOS
N0M. 86 8 DE OCTUBRE DE 1927 AÑO II
COMEDIAS
RKVISTA SEMANAL
Rodríguez San Pedro, 26 G MADRID O Apartado 8.036 ■
Editorial Siglo XX
HA PUESTO A liA V E Ȓ T A
la obra de más éxito de Muñoz
Seca y Pérez Fernández
Los extremeños se tocan
la comedia en tres actos
original de Honorio Maura
Julieta compra un hijo
Precio: 5 ptas. ejemplar
Los pedidos a EDITORIAL SIGLO XX
Rodrignez S. Pedro, 26.— Apartado 8.036.— BE ADBID
Talleres Poligráficos, S, A., Ferraz, 72.— Madrid.
luís i\^ANZANO y EVIANUEL DE QONGORA
La Paz del Molino
ZARZUELA EN DOS ACTOS, EL SEGUNDO DIVIDIDO EN TRES CUADROS,
EN PROSA Y VERSO
MUSICA DEL MAESTRO
PABLO LUNA
Estrenada en el teatro Pavón el lo de junio de ig2¡.
REPARTO
PERSONAJES ACTORES
%[ARI-ROSA Sra. Iglesias.
CANDELITa Sría. Leom's (R.)
MARTINA Sra. Romero.
UNA MUCHACHA Srta. Girón.
DANIEL Sr. Murcia.
RUFO » Peña (R.)
LAURO )) Cano.
ANTONIO » Contreras.
UN TRATANTE... » Romano.
HERMANO MAYOR » Guerra.
Muchachas, muchachos, monaguillos, mozos y coro general-
ACTO PRIMERO
En una de las márgenes del río Guadlamar, entre Sevilla y Huel
va, y en un lugar, que aunque imaginario, b-en pud'era exis-
tir reahr ente, amenísimo, tranquilo, pintoresco, hay dos edi-
ficios b.:;¿íante próximos y exta-emadamente simpáticos : el
Santuario de la Virgen del Alamo, patrona del cercano pueblo
de Salmedina^ y un vejo molino, en cuyo^ interior estamos.
Al foro, hacia la izquierda del actor, las piedras del molino,
la tolva, los canalones de niiadera por donde el tr'go pasa ;
hacia la derecha, un amplio portalón de medio punto, por
donde se ve un piníoresco paisaje de olivares. A la izquierda,
gran; chimenea de cam.pana, y al fuego, una caldera que cuel-
ga del lar. Puerta en el segundo término de acceso al granero.
A la derecha, puerta que comunica a las habitaciones del
molinO'. Muebles rústicos, sacos de trigo y h^r'na, algún apero'
de labranza, y próximo a la lumbre una cuna, y en ella una
niña de poco más de un año. Es de día- ; una luminosa ma-
ña nía del mayo andaluz.
Antes de levantarse el telón, durante el pre'udio, se oye la voz
de Lauro, que canta :
¡ IVIiro al caz y miro al río !
No zé qué tiene tu cara,
ique a todas horas la veo
en el espejo del agua.
\(Se levanta el telón, y sola aún la escena, signe Lauro
cantando dentro,)
\ Qu'én pudiera verte,
cuando te estás componiendo,
para ir por agua a la fuente !
(Hablado sobre la orquesta.) ¡ (íLucera» ! ... ¡ Soo..., burra!
(Poco después aparece por el portalón del joro, cargado con ur>
saco, que deja junto a los oíros. Cesa la música. Lauro es ur.
muchacho hrutote y buena persona, que ayuda a Antonio en laí
faenas de la molienda.)
LAU. Peziai esto, peza. ¡Compadezco a la <(lAicera)) ! ¿Coi
qué pie he enlrao yo? ¿Con er derecho o con el izquierdo?.
No... pos ar zarto no ha zío. ¡Con
tenemos hoy ! (A voces,) ¡ A la paz e
(Llamando y canturreando,)
2
I
A izquierdo! ¡Mala pat,
Dios! ¡Zeñó Antonio
ANT.
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LAU. 1
ídi'áá que
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1;, i Quién pudiera verte,
i; cuando te estás componiendo,
■^(Más fuerte que amfes.) ¡Zeñó Antonio! ¡Zeñó Ant...!
|\ ANT. (Saliendo por la izquierda. Dueño del molino por he-
f^rencía, consagra su vida a esa industria y al cuidado de la nena
■''aiie duerme en la cuna, único fruto de su matrimonio cotí una
■.garrida moza de Salmedina, que al mismo tiempo lo hizo padre
y viudo. Es homhre de unos treinta y cin-co años, fuerte y sano,
hloie y sencillo.) A ve cuando va a queré. Dios que te quevle?
úo, peaso de bárbaro.
LAU. Yo bien... ¿y usíé?... Porque hay que ve er modi de
^^ciludá que tiene usté por la mañana. De Zarmedina vengo. Ya
nestá ahí ezo. (Señalando el saco que ha traído. Volviendo la es-
palda y cartlurreando.)
Quién pudiera verte. .^^
ANT. (Zarandeándolo por un brazo.) Pero cacho e pan baso,
Ijquieá hasé er favo de no gritá, que vas a disperíarme a este
/^ngelito, o es que voy a tené que ponerte mordasa?
V LAU. Un bozá, señó Antonio, un bozá merezco; y... es er
fórrente.
ANT. Er torrente... y lo bruto que tú eres.
|. LAU. Y que me estoy enzayando ipa gritarle fuerte a Rufo
zancr"stán que quie quitarme la novia,
ANT. Y te la quita si quiere.
LAU. ¿Quién?... ¡ Er dinero der cepcyo, quitará eze !
A'NT. ¡ Pos tú íe ti'es miedo !
LAU. i Zíj señó..., y mucho!
ANT. Y eso, ¿por qué?
'I LAU. Porque a mí ' las cczas de iglezia m^e imponen lo zuyo y
lizas cruces que me jace y eze ((domino m^ovíscc» que me echa me
dejan parao. Me jace azín (Echando una bendición' rápida.) y ya
estoy yo juyendo. ¡ A mí... no !
ANT. ¿Y eya le hase cara?
LAU. No, zeñó ; que Candelita está por mí, es viejo ; pero su
fnadre quiere a Rufo pa tené de su paríe ar clero y que no la
^u'ten de ze zantera del Alamoi ; fuera aparte, que ahora está
^rgo deslumbra'ya porque Rufo anda mucho con er Niño e la
Elata, que es como le yaman a eze forastero q.ue 3'egó a Zarmedi-
5' hace unos días.
^ ANT. ¿Y eso qué?
LAU. Que er forasiero es rumbozo y Rufoi le debe zacá un
riñón, duro a duro, por el borsiyo der chaleco.
ANT. i No tan^-o, hombre !
LAU. ¿Que no? Eze es un dezahogao de los gordos; pero pa
;C
gordo er zuslo que le voy a dá como ziga requebrando a mi Catl-
déla.
ANT. ¿Vas a matarlo?
LAU. Le voy a quitá las lám.paras de la sotana de una zam-
buyía.
ANT. Y tu suegra te zambuye a ti.
LAU. ¡A eza zí que le teingo mieo ! No la trago ni con tomate.
x'\NT. En cambio, la hija te gusta a ti hasta sin aliñá.
LAU. ¡Jo, jo! Menúa acitunita está hecha. ¡Como la otra!...
¡ La de usté ! ...
ANT. ¿La m.íia?
LAU. Zí, zefíón, Mari-Roza. ¿Va usté a -negá que le gusta más
que la zombra en agosto?
ANT. ¿Ya quién mo le va a gustá esa amapola triguera? Pero
de eso la lo que presumes, hay mucho camino reá por delante.
LAU. Y too ze andará, zi Dios quiere.
ANT. Sobre que toavía está mu v vo er recuerdo de la madre
que le far.a a este angelito. Ya va pa dos años....
LAU. Pos ahí está er toque... {A gritos.)
ANT. ¡Gaya, bárbaro, que la despiertas!...
LAU. {Bajando tmicho la voz.) Ahí está er toque, digo. ; por-
que en la ahijá de mi zuegra, más ique la amapola triguera, lo
que ve us;é es la madre que le farta la. esta amapola. [Señalando
la cuna.) Ahí está er toque.
ANT. Ahí la que es'á es tu suegra. .
LAU. La zorda. {A la puerta del foro aparece la señá MaHina,.
madre de Candelita. Es mujer de unos cuarenta años y sorda. Emi-
te la voz de un modo destemplado, sin gradaciones.)
MAR j Güenos días ! (La.v.ro va a hacer mutis por la puerta de¡
foro.)
ANT. ¿Te vas?
LAU. Me voy ; las zordas pa las trompetiyas ; pa mí, no. [Mu-
tis por el foro.)
MAR. (.4 Antonio, refiriéndose a Lauro.) Te arvierto que va a
hereda la ca.sa y la viña de su tío er Goloso, y toavía se cree el in-
felí que no me gusta pa mi Candelita, y que er que me peta pa
cya es Ruío. ¡ Ja, jay i Me peta Rufo, eso sí ; pero no pa eya.
ANT. Entonces, ¿pa quién?
MAR. Yo me entiendo, Antonio ; y no te alarmes, hombre, que
no es pa Mari-Rosa. Por sierto que ni eya ni tú ganáis na con
aplasarlc ; que ya en er pueblo se critica tanto di y vení de la er-
mita ar mol no y der molino a la ermita.
ANT. ¿Quién tie que desí na contra ella?.,., ¿por qué?
M.^R. Eso naide ; que mi ahijá es incapá de na malo, pero si
oya es una santa, y tú un hombre güeno, entre santa y santo va á
;;üné esta sorda la paré que está has'endo faria.
ANT, Eya viene aquí por mi hija...
MAR. (Sin oírlo.) Va pa dos años que estás viudo. Si eya éá
otra madre pa tu hija..., que os caséis es Jo que os hase farta. ¿Me
oyes? ¿Sí? Pos al avío... y escucha otra cosa : Tu hermano Danié
está aquí
ANT. (Levantándose de un salto.) ¿Aquí?
MAR. A media legua. En Sarmedina, desde a'ntié. Con Rufo
anda a toas horas.
ANT. Entonces, ¿ese NiñO' e la Plata?...
MAR. O yo he perdió la memoria o en quinse años se cambia
mucho y yo no lo conozco, o ese ((Niño e la Piala» es íu herma-
no. Dios lo traiga pa bien. Y vaya, no me entretengo más. Ahí
está el almuerzo. {Delando en cualquier parte un cestillo que irae.)
Carne con papas tenéis. ¿Y ila niña? ¡Mira qué dormidita está 1
j Presiosas las hay, pero como esta...! ¡Aja, jay!, ¡qué luserito !
¿Quién te quiere a ti, gloria? (Lauro aparece por el foro, asoman-
do la cabeza con precaución.)
ANT. No vaya usté a despertarla.
MAR. ¿Eh?
LAU. Mar de ojo le echa'. {Entrando resueliamente.)
MAR. ¿Eh?
LAU. (Quitándola del lado de la cuna interponiéndose entre
la niña y Martina y gritándola a ésia al oído.) ¡ Zeñora 1 ¿Quié
usté mo gritá más, que va usté a dispertarla?
MAR, Cáyate iú, vara y tersia. {El mismo juego.) Na más e
por eso vi a darle un besito. {Se acerca a la cuna y le da un par
de sonoros besos,) Toma, y toma, sielesito mío.
LAU. i Mar de ojo I ¡ Que ze la come ! ¡ Ya la dispertó !
MAR. Ahora sí que me voy. Con Dios, Antonio... y no cavi-
les... Con Dios; por aquí me voy, que yego antes a la ermita.
(Vase derecha.)
LAU. Zalú y usté descanze... (A parle.) en paz.
ANT. {Meciendo la cuna.) Me ha hecho porvo. Ya tie los ojos
como dos barsas.
LAU. {Mirando a la rÁña.) Misté qué pucheritos ! Esta va a
yorá der susro.
ANT. ¡ Por vía der demonio ! Anda, vamos a preparar las me-
días y la vé si se duerme sólita. {Mutis por la izquierda. Al cabo de
un instante, llegan por el portalón Mari-Rosa y Candelita, dos
muchachas del pueblo, bonitas de veras.)
MARL ¡ A la paz de Dios !
ÉCAN. Pero j si no hay nadie !
MARL ¿Y tiene való de dejarla aquí sola? {Corriendo hada la
i cuna.) ¡Tesoríto!, ¿quién te quiere a tí, sielo' mío?
f ' CAN. ¿Y eze arcornoque de Lauro, ande estará también?
¿ Yamo ?
MARI. No ; que paece que quié dormirse ; no grites ; anda A
asearlos, y a ve si yo la duermo m'entrais.
CAN. Voy. {Mutis por U¡ l^ jiiicrd i.)
RECITADO
MARI. (Junto a la cuna.)
Pobre nenita sin mad-r^-,
sólita y abandoná,
que no tienes quien te arruye,
ni en er mundo tienes más
■cariño que er de tu podre
y er que le quieran prestar.
Í3uerme, rosita de mayo,
¡ duérmete por caridad !
Sólo la voz de las madres
sabe dormir y arruyar,
y si perdiste la tuya,
mi voz, de madre será.
V SICA
Estreyita de mi sielo,
rosita de mi rosal,
sangre de mi corasón,
harinita de mi pan.
Duérmete ya, niña mía,
mi niña, duérmete ya.
En el borde de tu cuna
mis labios cantando están,
queriendo ser ruiseñores
para poderte arruyá.
Duérmete ya, niña mía,
mi niña, duérmete ya.
Alitas de mariposa
te diera por ca'besal,
y por sábanas, la espuma
que forma el agua al pasar.
Duerme, niña mía,
duerme, niña,
duérmete ya.
( A poco de empezar la últi-
Viia estrofa, salen por la iz-
quierda Candela, Lauro y An-
tonio. Sigilosamente se 'acer-
can a la cuna, por detrás de
Mari-Rosa, y con ella termi-
nan la nana.)
Del alto cielo cayó
un pedasito de luna,
y ese pedasito es
la niña que está en la cuna.
Duérmete ya, niña mía,
mi niña, duérmete ya,
que junto al niño que duerme
la Virgen María está.
Jirgueritos locos,
vamos a callar,
que la niñita mía se ha dor-
[mío...
Se pué despertar.
( Cesa Ja música.
HABLADO
MARI. {Mira a todos sof?r¡enle, imponiendo silencio.) Ha caío
el angelito como piedra en poso...
ANT. ¡Mari-Rosa!...
MARI. Pero, hombre, ¿cómo tiés való de tenerla aquí? Asín,
too er que entra y sale te la dispierta.
CAN. Y zin ezo. Con zólo que este hable, ya tie lo zuyo la
criatura. (Señalando a Lauro.)
Li\l] . Pc'5 ahora ha zío tu madre.
ANT. Entre los dos,
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CAN. Como que hablas y paece que estás limando una zierra.
LAU. ¡Tu madre zí que es uma 'lima !... ¡Y zorda ! Que es peó
toavía.
MARI. Güeno es'á ya. Y hasé cr favó de \-evarme esta cuna
pjj fí}'á dentro. {Candela y Lauro se ¡levan la cuna hasta la l uerta
de la dereclia, el uno por la cabecera y la aira por los pies.)
T AU. {Re'^{ycnd.-> a Cc'M\lela de la cuna.) Trz? p:\> acá, que yo
¡•olo voj' mejor que conti^^o.
CAN. r'.lira qué fino eres, hombre ; un zerón a tu lao es una
mantiya e ¡blondas.
LAC Mujé, encima que lo ha^^'o per \!ar :e ! ... ¡ Ay ! ¡Cuándo
\eré yo azín a tu madre!...
CAN. ¿Cómo?
Lx'\U. Encuná... ¡Y ar quite la Providencia! [Muiis con la
cuna.)
CAN. Güeno. Lo zamarrean... y ncs ahogamos aquí en beyo-
las. No io puedo ve. No lo puedo xe... (Transición.) Vov a ve lo
que hace.
MARL (Viéndola irse, y dirigiéndose a la p.usria como si Can-
delita lo escuchara.) Ten cuidadito, y ya sabes : Pones la cuna en
la S'Olana y enloma er post'go pa que se oiga si yora. [Volviéndose
a Aníonio.) Hoy no hay mol'enda,' ¿ verdá?
ANT. Por eso ila tenía aquí, ¿ Y en la ermita hay mucha faena ?
MARL Figúrate, de mañana' en quinse la Virgen del Alamo.
Sólo con limpiá la plata hay ayí trabajo pa un mes ; pero, en fin,
hay que ponerle buena cara al mar tiempo.
ANT. Con que le enseñes la tuya, ya lie bastante.
MARL ¡Oye... eso está bonito!
ANT. Arg'o más que er que por curpa tuya estemos así.
MARL ¡ Toos los días lo mismo, homfcre ! Pero no te pongas
tan serio, que no te has tragao er moiliniyo.
ANT. Quina me hases tragá... Conque t;i arguna ley me tie-
nes, como dices, acaba ya^ de decidirte. (Acercándosele niuclio y
con pasión.) ¿Cuándo?
: MARL Es pronto, Antonio.
ANT. ¡ No lo es !
MARL Sí ; ley te tengo porque eres bueno y te lo mereces too;
esta es la verdad, y ¡ a ella !..., mira..., escalofríos me dan na más
pensando que otras manos podrírn cu darlai; pero es pronto, está
toavía muy serca er recuerdo de su madre, Ant-onio. ¿Verdad
que e.s pronto?
ANT. ¡Ayer, quizá lo fuera; hoy no, Mari-Roisa ! Danié..., un
hermano mío que tú no conoses, está en er pueblo. Ni er se atre-"
verá a entrá por esa' puerta ni yo^ a consenií que entre ; pero r-i
entrara... y yo fuera tan débil o tan güeno, como tú dises, que
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lo consintiera, quiero yo que sepa que aquí estorbaría ; que esto
es mío, mío sólo y tuyo y de mi hija,
MARI ¿Y esO' por qué?
ANT. Porque aquí no debe en-
[trá.
Escucha con atensión,
y cuando estés enterá,
tu consiensia te dirá
si yevo o no la rasón.
Mi pobre padre al morí,
— ¡ Dios lo tenga en su clemen-
[sia ! — ,
nos dejó, pa bien desí,
¡ na ! , las paderes de aquí,
der molino, por herensia.
Mi madre — que en gloria esté
también la pobre — , luchando
como lucha una mujé'
de aquél arranque, nos fué,
con mil fatigas, criando.
Eya, con selo constante,
sin ayuda, sin dinero,
cariñosa y vigilante,
sacó el molino adelante
como un barquito velero.
Era más chico Damié,
y no tengo que desí
que siempre fueron aquí
más las carisias pa é..., ¡
más los trabajos pa mí. j
No es envidia : mos quería
a los dos de igual manera ;
pero Danié se metía
en el corasón. Tenía
mi madre por él, seguera.
Cresimos, y trabajando,
puestos en er buen camino,
la casa fué prosperando,
y el agua se fué yevando
toas las penas der molino.
Pero aquel sielo estreyao,
con plomisos nubarrones
se vió pronto encapotao.
Mi hermano Danié, segao
en juergas y diversiones,
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el ta-abajo abandonó ;
en ferias y romerías
siempre í;U nombre sonó,
y er dinero margastó
en juergas y en correrías.
Moso, guapo, bien plantao,
con aire de señorío,
valiente y anamorao,
no hubo vaya ni sercao
que acotara su tronío,
ni en Sarmedina mujé
que er mosito no sercara,
— siempre con un mal queré — ,
ni hubo un hombre que con é
se midiera cara a cara.
Ni consejos escuchó
pa yevarlo ar buen camino,
ni las lágrimas secó
de mi madre, que asín vió
quebrá la paz del molino.
Un día... — ^no orvidaré
la fecha, dos de febrero,
¡ quinse años hase ! — , Danié
se marchó pa no vorvé,
yevándose too er dinero
1 que era entonses nuestra ha-
1 [sienda.
Aprovechó la ocasión,
y er presio de una molienda
se yevó, sin que comprenda
bien entoavía la rasón.
Dijeron que una mujé
se atravesó en su camino,
que estaba loca por é ;
otros, que la cosa fué
cuestión der juego y der vino...
¡ Quién sabe ! Yo sé desí
que de casa se marchó,
que no dió cuenta de sí,
y que a mi madre y a mí
su locura nos perdió :
a mí, porque la sertesa
de su arsión, y ia ruina,
me hiso perdé la cabesa ;
a eya, porque la tristesa
de no ver] o en Sarmedina,
de no tenerlo en su nío,
de no pedirle un perdón
que eya hubiera consedío,
le fué apagando er latió
de su amante corasoin.
Mientras que la conservé,
ni un reproche, ni una queja ;
resaba por su Danié
i yorando, la pobre vieja.
*^ Y asín acabó su vía.
La tierra le dió acobijo,
y ar morirse, entoavía
; juntó su cara a la mía
* : nombrando sólo a aquel hijo.
¿ i Solo sufrí la comdena
' de ve desaparesé
a aqueya madre tan buena,
que se me murió de pena,
porque no lo volvió a ve !
Años después, ya casao,
supe que, de aguas ayá,
martrecho y desamparao.
andaba desesperao
buscando un tí-iste jorná.
Ahora me disen que viene
rico, jaque y fantasmón ;
no lo sé..., ni me conviene
trato con el que no tie;ne
el oro en el corasón.
Yo, que, solo, me quedé
ai cuido de tu madrina,
ar trabajo me apliqué
y, poco a poco, libré
mi casa de la ruina.
Con esta pobre molienda,
na quiero ni me hase farta ;
sólo er cuidá de mi hasienda,
siempre atento, y sin fachenda,
pero coin la frente arta.
Por eso lo desafío :
que no ha de tocá su mano
lo que er dejó por perdió.
¡ Esto es tuyo ! ¡ Tuyo y mío I
Na tiene que ve mi hermano.
Y ya que estás enterá
de su vida y condisión,
tu consiensia te dirá
si debo dejarlo entrá...
y si yevo o no rasón.
l MARI. (Después de breve reflexión.) Pues..., ¿sabes lo que
tté digo? Que de hombres es perdonar, y que pienses en que es
[^u hermano ; que la sangre tira mucho, y sobre too, si es honrá
^y generosa como la tuya.
l ANT. No, Mari-Rosa.
l MARI. Sí ; y esa condisión te pongo, sí quieres que hablemos
serio de tus planes.
: ANT. ¿Cuál?
MARI. Que lo^ perdones..., y¿ si hase far,ta, que tú mismo lo
^raigas ar molino,
r ANT. (Vacilante,) Eso...
t MARI. Es mi voluntá... (Insinuante.) y si soy pa ti. Lo que
|ú quieres que sea, es ya mi obligasión.
t ANT. (Después de un momento de duda.) Hecho está.
I MARI. ¿Palabra?
^ ANT. (Dándole la mano.) De hombre.
MARI. Y de hombre de bien. Pues..., para la Virgen habla-
remos.
ANT. (Insinuante.) Y., ¿no hay un adelanto pa este hombre
de bien?
MARI. También es pronto. (Disponiéndose a cortar por lo
sano.) Voy a ve a tu hija.
ANT. ¿Ni por eya?
MARI. Per eya, soy yo capás de Icos los sacrificios, y eso....
de too tendrá meáios sacrifisio.
ANT. Pos... bendita sea tu boca.
MARI. (Al hacer mutis por la derecha, tropieza con Lauro,
que sale con los ojos cerrados y la mano derecha en el carrillo iz-
quierdo.) PerOj condenao, ¿vas siego? (Mutis.)
LAU. i Ciego y zordo y múo ! ¡ Jozú qué niña! ¡ Jozú qué go-
fetá me ha dao ! (Escupiendo.) ¡Púa!... (Escuchando hacia el
suelo.) ¿ría zonao argo? Porque si ha zonao, es una muela.
ANT. ¿Y por qué te ha pegao?
LAU. ¡Las cosas der cjueré!..., der queré yo darJe un bezo.
ANT. Pero..., ¿cómo?
LAU. A traición..., en er cocote; lo cuá que me vió y... ¡mis-
té qué torta! ¡Es un negosio pa un confiter.o !... (Señalando el
carrillo.)
ANT. Güeno está. Vamos a medí er grano en seguía.
LAU. Grano er que me ha zalío a mí coai mi fotura.
ANT. ¿Con tu qué?
LAU, Fotura ; ahora a toas las novias Jas dicen foturas. Ze
io he aprendió a Rufo er zacristán. ¡Otro grano! Y... enconao ;
pero eze, ¡ aquí estoy yo pa reventarle ! (Hacen mutis por la puer-
ta del segundo término izquierda. Por el portalón del foro asoma
la cabeza Rufo, el sacristán, que oye las iUtimas frases de Lauro
y dice, sin salir todavía a escena.)
RUFO, ¿A mí prarticantes? (Esconde la cabeza, y al instan-
te surge -otra vez ; convencido de que Lauro no lo oyó, penetra
resueltamente en el molino. Es un picaro de lo clásico y sacris-
tán de la iglesia de Salmedina ; viste una sotana bastante es-
trecha y bastante corta, lo que hace suponer que el cura de Sal-
medina es también bastante más delgado y bajo que Rufo. Ade-
más está la prenda manchada de cera y de grasa. Viene desto-
cado y trae ima cesta de cañas o de varetas, con ropa blanca de
encajes. Al entrar se dirige hacia el practicable por donde se fue-
ron Antonio y Lauro. Se para y deja la canasta de ropa en el
suelo y echa una bendición, se supone que dirigida a Lauro.)
Miserere y laus er Deo !
Te bendigo y se acabó !
La Tragedia..., y er Recreo!
Yo lo guapo..., y él... lo feo!
El lo amargo..., er durse yo!
Yo en er tren y tú en carreta ;
yo la malisía ; tú er bien ;
tú la purga : yo reseta ;
yo trabuco y escopeta,
y tú..., -¡er tiro que te den I ^
IO
Es la verdá que te tengo
más miedo que a una tormenta ;
peiro mientras voy y vengo
y te juigo y te entretengo...,
me va saliendo la cuenta.
Que aunque eres un puerco-
[espín,
y aunque tus pulgas son malas,
con bendesirte yo asín,
y con sortarte un latín...,
te esbaTato. j Martingalas ¡
Recurso que no me faya.
Rufo Perales, que vales
y que Dios te dijo : «Vaya,
donde tú estés, cruz y raya.»
¡ Es mucho Rufo Perales !
¡ Josú, cómo tengo cr braso !
Me traigo aquí de la ertmita
esto, que ipesa un peaso,
pa dárselo a Candelita...,
y darle coba de paso.
Ropa de artá pa lavá,
que ayí U Sorda me ha dao,
y que yo vengo a entregá.
¡ Y sí que es ropa de artá !
¡ De hartá y dejá derrengao !
j Soy más listo que mi agüela !
i Y es que me viene de casta !
Tiemplo a los tres la vigüela,
Lauro, la Sorda y Candela...,
¡y los tres en la canasta!
Es como 'lo de Danié,
ese <(niño» sin malisia
que presume de marqué,
{Acercándose a la puerta de
largo', y con el silbido imitando
y que tengo yo con e
una trenía vitalisia.
Porque lo saque de apuros
y lo resiba su hermano,
¡ me estoy fumando unos pu-
[ros !...,
y ya me ha emprestao tres du-
[ros :
dos güenos y un mejicano.
Aquí está. ¡ Vaya una piesa
con ida y vuerta segura !
Sale, 'le ven la cabesa,
y ar borsiyo que regresa.
¡ Que no lo paso ni a oscura !
Yo sí que lo estoy pasando
como un duque. ¡ Martingalas I
• Rufo, sigue aprovechando,
que ese ((Niño» te está echando
medias suelas y unas palas !
En totá, que es una mina
este hermano filipino ;
que yo estoy de Selestina,
y que mientres suerte harina
yo no lo traigo ar molino.
¿Pa qué? i No ! Lo que es aquí,
ni juyendo de las balas
0 de la Guardia siví...,
¡ que me va mu bien así !
¡ No lo traigo ! i Martingalas !
1 Pestaña y ortografía !
Y esas miñas, ¿dónde es^in ?
Yamo ¡A xAve!... ¡Ave l^Iaría !
i A ve... si me dan er día!...
Pero ya contestarán
hasiendo la cotovía.
la derecha. Silbando de un modo
las silabas fi y fio. )
MUSICA
¡Fi..., fi..., fí... o!
Aquí estoy porque vengo a lo mío.
II
Y no quiero que diga la gente
que me cuelo en la casa de enfrente
sin permiso y lo mismo que un tío.
Por eso hago fío, fi, fío, fi, fío.
i Tan, talán 1
Y también como buen sacristán
llamaré con mi tan, tan, talán.
¡ Tin, tilón !
¡ Y por dentro va la procesión !
MARI y CAND. (Que aparecen por la puerta de la derecha.)
] Tin, tilón !
RUFO. Las palomas acudieron al reclamo
del pichón.
(Ritornello, en el que Rufo silba el motivo
del fi..., fio del principio.)
ELLAS. Este que está silbando con tanto selo
parece una lechuza y es un mochuelo.
RUFO. Niñas, ino decir eso, que me incomodo.
Yo no soy un mochuelo de ningún modo...
No decirme mochuelo, porque me atufo,
y como yo me atufe...
ELLAS. Se atufa Rufo.
RUFO. Yo, tocando la campana
soy una especialidad...
Y silbando, una eminencia,
como puedo comprobar.
ELLAS. El tocando la campana
es una calamidad.
Y silbando es una rana,
como puede comprobar.
RUFO. Y lo prueban mis canciones
que han cantado y cantarán
todas las generaciones
de mositas del lugar.
¿Queréis cantar
mi cansión del fío, fío y tan, talán?
ELLAS. Allá ve.
Si me quieres,
y entre todas me prefieres,
te diré, cariño mío...
Que te veo,
que te miro y te deseo,
que me quemo v que me frío.
RUFO. (Silbando.) Fío, fío.
ELLAS. Que párese
que tu amor desaparece
mientras va cresiendo el mío.
RUFO. Fío, fío.
ELLAS. Que estoy loca,
y que vestiré (la toca
como siga tu desvío,
RUFO., Fío, fío.
ELLAS, Seré monja, y un bribón
de sotana y esquilón
matará mi vocasión.
RUFO. Con mi tilín, tilón.
ELLAS. Dime tú por qué me matas,
me despresias y maltratas,
mardesío.
RUFO. Porque de ti no me fío,
fío, fío. ( Cesa ¡a músin)
CAND
RUFO.
CAND.
MARÍ.
RUFO
CAND.
RUFO.
CAND.
RUFO
v^AND.
RUFO.
CAND.
RUP^O
MARL
RUFO.
HABLADO
¡Mira que cargarte así!...
¡Tiene mi madre unas cosas
Tu madre te tiene a ti...,
y si te tiene pa mí...,
ya tiene mi güerto rosas.
¡ Ay, mujé, mira qué fino !
Es un junco.
Soy juncá.
Por fino te he de yamá
en vez de Rufo, Rufino...
¡ Ay, Rufino !
Y no te creas
que tú me disgustas ; no,
Rufo ; no te encuentro yo
na más que tres cosas feas.
¿ Feas ? Pos seguramente
que una será la sotana.
Pero..., ¿y las otras, serrana j
Que te gusta el aguardiente,
¡ Ah ! Pos eso sí que no ;
que es justamente al revés.
¿Sí?
Que el aguardiente es
a quien le entusiasmo yo.
No me lo puedo quitá
de ensima.
] Sí que es pesao I
Ya lo tengo atravesao.
Pero no hay mas que tragá.
13
Y oye..., ¿cuál es la tersera?
Er que se quede moslto.
¿No encontrará su apañito? ■
¡ Ay, que no i ¡Y que es... de primera
Una niña que ar reí
me da frío por la esparda ;
que si arremanga su farda
me arremanga la narí :
que es como un canario flauta
cuando se pone a cantá ;
que me manda a mí volá...
y se hase Rufo aronauta.
¿Y eso qué quiere desí?
Que está Rufo por las nubes.
De argún puntapié, que subes.
Subo... si tu quieres...
¿Sí? (Sale Lauro por donde se fué.)
(Aparte.)
¡ Zu zangre !
(Aparte, viendo a Lauro.)
j Lauro ! ¡ Josú !
Ahora verás tú, serrano ;
la guantá va a sé sin mano.
(A Rufo, coqueta.)
Oye, ¿y quién es eya, tú?
Pos... una que está por mí.
(R emangándose . )
Y que quizá te la ganes...
¿Le... gustan los sacristanes?
¿Si le gustan? ¡A morí!
(Interponiéndose.)
A morí..., ipero que es ley.
(Huyéndole.)
i Asuca ! ¿Estabas ahí?
Libérame.
¡ Quieto aquí,
que no te libra ni er Rey !
Pero Laurito, es que yo...
i Que te cayes... !
Es que er braso...
Me quedo con un peazo,
como me juyas...
Yo no...
Conque... ze acabó er díscurzo.
14
MARi. (Cogiendo la canasta por un asa y disponien-
do a marcharse.)
Anda, vamos con er lío.
CAND. (Lo mismo, riéndose de ellos.)
¿Va a yegá la sangre ar río?
RUFO. (Aparte.)
Que no me fayes, recurso.
CAND. Niños, con Dios, y a jartarse
de puñalás.-
MARI. ¡Ahí, carsones !
CAND. ¡ Que se quedan dos leones !
MARI. ¡Cuidadito,^ no miatarse !
CAND. (Riendo.)
j Es que da risa mirarlos !
MARI. ¡ Ja, ja !... j Se van a comé !
CAND. ' (Al mutis de antes.)
No tienen hambre, m.ujé.
¡ Sujetarlos ! ¡ Sujetarlos ! (Mutis. Lauro y Ru-
fo reconocen que están en ridiculo durante
todo este tiempo y no saben qué hacer. Se mi-
ran y vuelven la cabeza ; miran a las mucha-
chas y mientras duran las mofas y las risas,
están serios como jueces. Por fin cesan las ri-
sas y hay un instante de silencio.)
LAU. (Aparte.) (¡Ni Jozé María er Tempraniyo, es capaz de
echá una bravata, zi le paza esto !)
RUFO. (Mira a Lauro, y con el pulgo.r de la mano izquierda se-
ñala a la puerta por donde se fueron las muchachas, mientras con
la derecha se tapa la boca para no reírse, fingiendo un regocijo que
no siente.) \ Pffff !
iLAU. ¿Zí? Potf- de ti ze van s.-ien'do.
RUIFO. ¿De mí? (Lo mismo.) ¡Pfff!... ¡Y de ti, na!
LAU. i De mí no ze ríe nadie ! Azín, que zi no quies dejá va-
cante en la parroquia, ya estás zerio. ¿De mí? No digo yo un za-
cristán..., ¡ni el Arzobispo!
RUFO. (Aparte.) (¡ Que mo me faye !) { Cómicamente serio, con
la mano derecha muy próxima a las narices de Lauro, hace dos o
tres veces la señal de la cruz.) ¿Has dicho el Arsobispo? Miserere,
agnus Dei, quitollis pecata...
LAU. ¿Eh? (Sacudiéndose las cruces como si fueran moscas.)
RUFO. Casi na. Pecao mortá. Santigúate.
LAU. Pero...
RUFO. Santigúate o te pierdes, arcornoque.
LAU. (Lo hace.) \ Zantiguao !
RUFO. Di tú conmigo. Libérame.
LAU. Liebre dame.
15
RUFO. Pecata tua...
LAU. Petaca tuya...
RUFO. La tuya...
LAÜ. La tuya..., que está más yena.
RUFO. Güeno, hombre, tómala. Echa un cigarro. (Le da ia
petaca.)
LAU. Tú lo que eres, es un farzo y...
RUFO. Güeno, pos intenta na más e tocarme y ze te va a caé
la petaca y la mano. (Acción de bendecir.) ¡Libérame!. Na más,
que eso.
LAU. No zi a mí..., ya tú vé..., lo zaco y lo enciendo... y. .
RUFO. (Aparte.) (¡ Domesticao !) (Alto.) Dame candela.
LAU. ¿Candela? ¡ Ezo zi que no! Candela pa mí. Esta y la
otra. ¡Que no te z'orvíe el encargo! Y pa ezo zí que no te zirve
el liebre dame. (Acción de bendecir.) Ya te cogeré yo zin zotana.
Pa er granero- voy.
RUFO. Por dile a Antonio que estoy aquí.
LAU. Ya le habrá dao ei; tufo a zajumerio. (Mutis.)
RUFO. ¡ Domesticao ! ¡ No me faya una ! Ahora, que sin sota-
na no mtC coges tú. No me la quito ni para bañarme. (Mirándose
la sotana.) ¡ Y pué que le haga un favo a la sotana ! Una mujé te
está hasiendo farta, Rufo. ¡ Vaya manchas ! Será aguardiente,
aseite, vinagre, tinta..., bueno; que se esprime esto y se pué poné
una tienda.
ANT. (Que entra por donde se fué.) Hola, sascritán, ¿qué
hases?
RUFO. Hola, Antoñiyo. Aquí mirándome el escaparate y pen-
sando en casarme.
ANT. ¿Vas a quitarle la novia a Lauro?
RUFO. Cá, hombre ; lo que procuro es meterlo más en ganas.
ANT. ¿Pa qué?
RUFO. ¿Tú te has fijao bien en la sorda? ¿Tú has visto lo que
hay de aquí, y de aquí y de aquí? (Cara, busto y caderas.)
ANT. Y de aquí. (Pupila.)
RUFO. De too¿ menos de aquí. ( Oído.) Bueno, pues sabiendo
como estoy yo de aquí (Dinero.) ya comprenderás que con esa
mujé, er cacho e huerta que tiene y lo que vá a heredá Lauro, que
como es naturá arministraré yo, catáte a Rufo con sotana nueva
y fumando puros con faja.
ANT. ¿Y eya lo sabe?
RUFO. Se lo malisia ; vamos de piyo a piya. Ahora que yo
paso por too, menos por declararme a grito peJao. Yo no pueo de-
sirle a una mujé «te quiero»..., y pegá un bosinaso. Asín es que lo
que espero es casá a la niña, y comprarle a la madre una trompe-
tiya. ¡Y... bueno. está ya de chuflas! (Solemne.) ¡Antonio! ¡Yo
i6
he venío a darte una mala notisia ! Es menesté que tengas való pa
fesibirla. Yo ya sé que los hombres son hombres... y los molineros
son molineros... y los...
ANT. Sí ; y los sacristanes, sacristanes. Acaba ya.
RUFO. ¡Való, Antonio, való!... ¡Tú hermano Danié... está
aquí !
ANT. Ya lo sé. Y por lo visto con dinero de largo, pa convidá
a toos los sinvergüensas der pueblo.
RUFO. A casi toos. Si los convida a toos, se arr.uina.
ANT. ¿Y qué? ¿Te manda aquí pa preparle el terreno?
RUFO. ¡ Figúrate tú ! Como si yo no supiera que pa ti, muer-
to y enterrao !
ANT. No ío creas, Rufo; la sangre tira y...
RUFO. ¿Eh? (Aparte.) (¡ i\diós mi dinero!) (Alto.) ¡Qué va
a tirá la sangre, hombre ! ¡ Si te conoseré yo a ti ! ¡ Aquí no entra
ése !
ANT. ¿Y si yo te dijera ; tráelo?
" RUFO. ¿Cómo? ¡En seguidita lo traigo yo! ¡Que no, hom-
bre, que no ! ¡ Pa que lo eches a escobases ! ¡ Si te conozco !
ANT. No me conoses.
RUFO. Sí ; y quiero evitá un día de luto. Er se quea en er put-
blo, conmigo ; y tú en tu casita.
ANT. Pero ¿el no quiere verme?
RUFO. Br, sí ; er que no quiere soy yo.
ANT. Pos no tengas miedo, hombre. ¡ Que venga ! Si es en son
de paz, ¿quién sabe si traerá la que se llevó?
RUFO. (Aparte.) (Na, que m'ha fallao !) (Alto.) Por si no
hay más remedio... ¡que venga!... (Compungido. Aparte.) .{\ Adiós
'mis chatos! ¡Adiós mi dinero!) (Transición. Alto.) \ Y asín lo es-
peraba yo de ti, que has sío siempre más güeno que er piñonate I
Yo he venío aquí pa sondeá tu intensión, y una vez sondeá, me
voy. Y te lo traigo; vaya si te lo traigo. Esto que yo hago, ¿vaié
crno vale?
ANT. ¡ Un abraso ! Y que te lo doy de mú güeña gana.
RUFO. (Aparte.) (Me gustaba más la moneda del otro; pero
en fin...) (Abrazándole.) Con Dios, Antonio, hasta pronto.
ANT. Anda con Dios, (Mutis Rufo por el foro.) Sí ; que venga.
Cuanto antes mejó ; los malos tragos pasarlos pronto. Hasta aho-
ra no me voy yo dando cuenta de lo que quiero a Mari-Rosa.
(Vuelve a aparecer Rufo, dando muestras de cierta agitación.
Habla desde la puerta.)
RUFO. ¡ Antonio ! ¡ Antoñiyo e mi vía ! ¡ Prepárate ! ¡ Danié
viene pa acá !
ANT. ¿Que viene pa acá?
RUFO. Por la verea e la ermita. Y como pa argo estoy yo entre
17
2
los dos, le he hecho señas de que se aserque. ¡Ya eslá aquí! Va
ha traspasao er soto e la huerta. -Ij
ANT. ¡ Latigasos me pega ©r corasón ! ' í
RUFO. ¡ Cavilosillo viene ! (Entrando, al lado de Antonio.) ]^
a ve lo que le habías, tú !
ANT. ¿Qué vas a dech-me? (Aparece en el portalón del fondo
Daniel. Se queda con la actitud violenta del que dudo: cómo ha de
ser recibido. Daniel es un real mozo, en la cumbre de ana robusta
madurez. Viste a lo popular, pero con ciertos detalles di; hombre
adinerado. Antonio, algo irresoluto también, hace violentos es-
fuerzos por no mirar a' la puerta. Rufo hace señas a Daniel de que
se acerque, y con un gesto le anima.)
DAN. ¿Hay permiso?
ANT. (Venciéndose.) Y... ¿de cuándo acá, s'ha menester per-
miso' pa entrar uno en casa?
DAN. (Corriendo a su hermano.) ¡ Dios te lo pague !
ANT. (Idem.) j Danié ! (Y se abrazan. Pausa.)
RUFO. Estas ersenas m'emosionan. (Compungido.) Tengo yo
un corasón mu durse... En fin, ahí sus dejo. (Yéndose con airé
triunfal.) ¡Qué peso me s'ha quitao de ensima ! ¡Rufo Perales!..,
¡ has cumplió con tu debé ! (Sale por el foro majestuosamente. )
DANIEL
¡ Que Dios te lo pague, Anto-
[nio !...
ANTONIO
Vamos..., siéntate y descansa.
DANIEL
Farta me jase, no creas :
pesa el sol.
ANTONIO
Una semana
más y ise cdló el verano.
(Pausa embarazosa, durante la
cual, ninguno de los dos sabe
cómo iniciar la convesación, )
DANIEL
¿Me das un poquito de agua?
ANTONIO
Tómala, y bebe con tiento,
que la suor te recala.
DANIEL
i En too el mundo no se bebe
ni más fresca ni más clara !
i Ay> agua de mi molino,
yo he cambiao... y tú no cam-
[bias ! ;
y basta me paese, al bebei'te,
que 'en ti mi vía se lava,
y me das, con tu frescura,
la bienvenía en mi casa.
ANTONIO
¿A" Sarmedina yegaste?...
DANIEL
Va pa seis días.
ANTONIO
•¡ Tardabas
en venir !
DANIEL
¿Y qué querías
que hisiera, si a la esperansa
de tu perdón, lo pasao
le iba cortando las alas?...
Y si de cualquier m. añera
hemos de hablar, las palabras
— que tanto tiempo han dormío
en tu pecho y en mi alma,
disimulando sentires — ,
i8
;/¿pa qué vamos a cayadas?
i Hondas están y son duras,
' y quisá a hieles amargan ;
po:n, Antonio, tu noblesa,
que yo he puesto ya mis lágri-
[mas,
y ent<re tu bondá y mi yanto
¡ vamos a ver si se ablandan
como er trigo que esas piedras
vuelven harinita blanca !
ANTONIO
i Daniel !...
DANIEL
¡ He pasao lo mío !..
Mal ipensaste si pensabas
que ha sío camino yano
er camino de mis ansias.
Con monea de fatigas
y hambre y sé..., que es buena
[paga,
fui poco a poco /pagando
er mal que dejé a mi esparda.
Y ahora, ya en paz con Ja vía,
¿tendré derecho a gosarla,
a la vera de mi hermano
y en la quietú de mi casa?
ANTONIO
Por eya sé que has rondao.
DANIEL
Tres veses : cuando en la carma
de la noche no podía
nadie arvertir que rondaba.
¡ Too estaba lo mismo ! : el río,
que entre junqueras arras'tra
el temhlor de los luseros
que se han caío en el agua ;
las nogueras der Carril,
las hondonás de la Rambla,
los álamos de la a sequía,
— más grandes, ¡claro! — •, la
[blanca
fachá de. la ermita, en donde
¿siendo yp niño resaba,
y el molino, ¡mi molino!,
que entre sus paredes guarda
eil olor a vida limpia
con que, al vuelo de su farda,
iba mi madre vistiendo
de luz y honradez la casa...
Una e las noches — ^¡ qué fijo
se me quedó !— vi que estabas
a la puerta, con tu niña
en brasos, bajo e la parra.
ANTONIO
Y tú, entretanto, ¿qué ha sí as?
DANIEL
Ayí, junto de las tapias
der camposanto humirdito,-
en donde madre descansa,
a solas con mi consiensia,
queriendo reír, y oraba.
A poco entraste pa dentro...,
y ya tuve en la garganta
un grito que a desir iba
¡ hermano ! , y dentro der arma
otra voz que, acongojámiome,
me deisía : «Danié, para ;
¿ande vas, potro esbocao,
que, cuando a correr te arran-
ni lo que pasó recuerdas [cas,,
ni en imposibles reparas?...
Ni esa sangre es ya tu sangre
ni esa casa ya es tu casa ;
pos si renegaste de eyas,
¿pa qué vuerves a buscarlas ?)^
ANTONIO
¡ Pa que, al tenderte mis brasos,,
cuenta nueva se empesara !
DANIEL
Soy rico, ¿sabes?
ANTONIO
¿Qué importa?'
DANIEL
Salú traigo y traigo plata:
dos cosas que, pa la vía,,
hasen muichíslma farta.
ANTONIO
¿ ii'abajaste?
DANIEL
¡ Y padesí
y luché con la cíesgs.-asia,
traspasando con mi yanto
una tierra dura y mala !
Pero, al remate, en er mundo,
tamibién lo malo se acaba :
¡ volunté gana dinero,
y dinero, dicha gana I
ANTONIO
A veses, no.
DANIEL
¡ Siempre, Antonio !
¡ Too lo consigue la plata ! ;
la vía me 'lo ha emseñao
y nunca la vía engaña :
que es triste su aprendisaje
y duras sus enseñansas.
Penas que te echen cadenas
y er corasón te atenasan,
pa rompé sus eslabones
y serená sus borrascas,
no hay cosa como orvidá...,
¡y compra orvío la plata!
Una casita en er campo,
y una mujer en la casa,
que te dé ese oló campero
que trasmina de las arcas
en donde la ropa nueva
entre membriyos se aclara,
es argo más... ¡y también
se puede conseguir con plata !
] Alegrías y regalos,
5oles de oro y lunas claras,
fantasías y ambisiones
que en er corasón te clavain,
con er doló de quererlas,
er goso que da er gosarlas !
Quietú, si quletú apeteses ;
risas, si quiés argasara ;
bienestar, gustos, estima,
¡ too lo consigue la plata !
Sólo una cosa en er mundo,
— 1¡ la que tnás ambisionaba ! —
no pude con mi dinero
retenerla ni comprarla,
i Ella hasta aquí me lia traído ;'
ANTONIO
¿ Y es ?
DANIEL
i Esa cansión del aguc
que, mi molino al mover,
no sé si resa o si canta 1
Cuando luchaba a bocaos
con mi sino en tierra extraña
er murmuyo de su risa,
ca vez más noble y más franca,
recalándome los huesos,
en mi sentío se entraba,
siendo espuela en mis desmayos
y en mi dolor, confiansa.
Y paese, talmente, Antonio,
cuando su voz me regala,
i que vuervo a estrena la vía,
dando a lo pasao mortaja
bajo sus limpios cristales
V entre sus espumas blancas !
¡ Qué serca estaba y qué lejos ! ;
y a pesar de la distansia,
¡ si vieras cómo metía
su frescura en mis entrañas !,
y qué verdá entonses era
lo que aqueya copla canta :
((Cuanto más jondiyo un poso,
más fresquita sale el agua»...
¿No oyes, hermano?... ¡ De roi-
[yas
se ha menester escucharla!...
¡ Ay, agua de mi mollino :
yo he cambiao y tú no cambias !
(Fuera, y a una distancia con-
veniente, se oye la voz de
Mari-Rosa que canta.)
MÚSICA
MARI
A la orillita del agua
me paro a considerar,
que lo mismo son mis penas
unas vienen y otras van.
asi quie
endo CÓ!
pasa
DAN.
Antonio,
\%
DAN.
MAR!
5 M
20
sí cantaba mi madre,
ij-a así quiero yo cantar,
iendo cómo corre el agua
ue pasa y no vuelve más.
¿Qué ruido es ése, madne,
que así me encanta?,
y la madre responde :
¡ Hija, es el agua I
DAN. (Hablado sobre la música.) ¿Eh? ¿Qué voz es ésa?
Antonio, por tu vida¿ dime que no estoy soñando !
ANT. ¡ Calla ! ¡ Ahora lo sabrás, que me paese que llora \'<>
iña. (Mutis por la derecha,)
DAN. ¡ La canción del agua ! ¡ La que mi madre cantaba !
MARL (Cantando,)
A la orillita del agua
etc., etc.
Agua míaj agua mía,
si yo supiera cantar
¡ qué bien que te cantaría !
(Entra Mari-Rosa, sorprendiéndose al ver a Daniel.)
MARL ¡ Ah ! (Hablando sobre la música.)
DAN. No sé quién es usté, pero siga, ¡ por su vida !
MARL ¿Yo?
DAN. ¡ Es un favor !
MARL Pues si es un favor, ¡bueno! (Cantando.)
Agüita de mi molino,
no sé qué tiene tu risa,
que si estoy triste me alegra
y si lloro me acaricia.
¿Quién canta sus amores
en mi ventana?
Y la madre responde :
i Hija, es el agua !
DAN. Penando de mal de amores
mis labios sueñan beberte,
a ver si apagas mi sed
y a mi fuego das tu nieve.
Agüita de mi molino,
¡quién fuera como tú eres^
que aunque mi llanto te enturbie
tú sigues riendo siempre I
MARL A la orillita del agua...
etc., etc.
j Agua mía, agua mía I
si yo supiera cantar
¡ qué bien que te cantaría !
( Cesa la música.)
21
ANT. (Saliendo.) ¡ Rcgularsillaniente na más ha salió e
hoy ! Ahí lo tienes : es mi hermano.
MARI. ¿Usté?... Entonses usté es el Niño de la Pial
(Aparte.) ¡Jesús, qué vergüensa ! ¡Se lo sorté ! (Alto.) ¡ Üs
disimule !
DAN. Eso me han dicho que me yaman ahora. A mí r
gustaría más que me dijer.an como siempre : ((Er de la t*
bera».
MARI. Es más bonito lo otro.
ANT. Y suena mejó... por lo de la plata. Aquí, Mari-Ros
es la ahijá de Martina la sorda ; la santera del Alamo, hombr
MARI. Huérfana me recogió' y con eya vivo Yo he oído hab
mucho de usté. ■
DAN. ¿A la madrina?
MARI. Y a Antonio ; no vaya usté a pensarse. Antonio
ha querío siempre, ¿verdá?
Dy\N. y bien que me lo ha demostrao hoy.
MARI. ¡Pos... si usté no me m.anda otra cosa... Antonio!
Aquí dejo esa ropa, porque me están esperando en la ermit
pa andá estos cortijos pidiendo la ofrenda a la Virgen, Bienv
nido sea el forastero, y que sea pa bien, Antonio.
ANT. Grasias, mujé.
DAN. Dios te guarde. ,
MARI. (Desde la puerta ya.) Y prepararse, porque la Virge
este año está mu probesita y quiere corasones generosos. ¡ V
mos a ve si es verdá eso del ((Niño de la Plata»!... ¡Y disimúi
la fr^nquesa ! I
DAN. Se hará lo que se pueda.
MARI. Pos... pa creer... ver, ¡Adiós! (Mutis por el foro.)
Dy\N. ¡ Vaya con Dios lo bonito ! (Daniel y Antonio mantiene
brevísima pausa.) Vive en la ermita, ¿no? .
ANT, En la ermita vive,
DAN. Y por lo visto vienen mucho ar molino. (Se sientan
ANT, Por mi chiquiya, que la tiene embelesá. No le pago y
besando er suelo que pisa. Sola o acompañá, que yueva o granisí
que ajogue la caló o traspase er frío, sien veses ha de pasá la vi
rea de la ermita ar mollino, pa vení a cuidarla, a arrufarla, a q\k
rerla.
DAN, Presiosa es la muchacha.
ANT. Es bonita, ¿verdá? (Con orgullo de enamorado.)
DAN. De lo que se va viendo poco.
ANT. Me alegro que te guste.
DAN. ¡Siego es menesté estar pa no verlo!... ¡Vaya ui^
mujé ! Como pa casarse con eya y embelesarse.
ANT. En eso reino desde hace tiempo yo.
22
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I] DAN. (Levantándose.) ¿Sí?... Pos te alabo er gusto... y te
envidio. Buena mosa te yevas.
áNT. Padrino me íaríaba... y ya lo tengo.
DAN. ¿Quién es?
ANT. Er ((Niño e la plata».
DAN. ¿Eh? (Sorprendido. Algo indiferente.) ¡Ahí ¡Sil ¡ Er
.«Niño e la Plata». (Se estrechan fuertemente las manos.)
LAU. (Por la puerta de la izquierda. ) ¡ Zeñó Antonio I Once
fanegas he medio.
ANT. Bueno está. Hoy es día de fiesta en el molino.
Dx^N. ¿Este es Lauro?
ANT. ¿Lo conoces?
DAN. De vista y de nombre. Por Rufo.
LAU. \ Y usté, zin fairtá, es er ((Niño de Ja Plata».
ANT. Es mi hermano.
LAU. ¿Zu hermano? Tanto gusto en conocerlo...
DAN. Y yo a ti.
ANT. Es buen muchacho. No tiene más falta que tenerle mie-
do a Rufo.
LAU. Diga usté que mieo, no. Lo que es que me impone
por zé coza de iglesia... ¡que zi no!
DAN. Pues... yo voy a darte una reseta pa eso.
LAU. ¿Cuá r.eseta?'
DAN, Que te hagas der Soviet.
LAÜ. ¿Y qué es ezo?
DAN. Ya te lo explicaré más despasio.
LAU. Pos con ta de zobarle yo la cara a eze (Acción de pe-
gar.) zoy capá de jacerme der zobé y der pegué y de too -lo que
usté quiera,
ANT. Lo que te pasa a ti lo sé yo.
LAU. Lo que me paza es que no tengo un reá y hoy me va
a abochorná Candelita delante e RufOj cuando me pida pa la
Virgen. Y es que ayer pizé romero, y ezo es mala zombra.
ANT, ¡Es más superstisioso que un moro! (A Daniel.) ¿Vamo
a ve a mi chiquiya?
DAN, Sí, vamos. Adiós, hombre. (A Lauro.) Toma; pa que
quedes bien con la Vingen... (Dándole un duro.) Y cuenta tam-
bién con las guantás de Rufo,
LAU. Zerá que Rufo cuente con las de acá, (Enseñándole
la palma de la mano abierta. Tomando el duro de Daniel.) Y
estimando,
ANT, Ya ves cómo no es malo pizá romero. (Se van los her-
manos por la puerta de la derecha.)
LAU. Es que esta mañana pizé arfarfa. ¡ Un duro ! ¡ La ar-
faría ! Toos lois días vi yo a pizá arfarfa. Hoy en la ofrenda le
doy er duro a Candelita, achico a Rufo y mato a la zorda der
23
berrinche. (Recapacitando.) ¡ Por más que da un duro, es muí
cho da I Daré cuatro pezetas, y con la otra me compraré una
cadena pa er reló. Pero..., ¿ande voy yo con cadena y zin
reló? Daré tres pesetas, y con er resto^ me compr,o un portamos
nea. Tampoco. Doy dos pezetas y las otras tres pa un zombrei
ro e paja. ¡ Pfff ! Y m 'apedrean ! No. Doy una pezeta y las cua*
tro pa comprá una faca. ¡ Ezo ! ¡ Y me cargo a Rufo 1 ¡ Ezo I ¡ %
me llevan a la caree! ¡Ezo! Y... ¡ Cá ! Yo doy er duro, porqué
lo tengo, y porque zoy más rumboso que er Gayo. ¡Un dur,o!..í
¡Pazo!... i Que va a zalí de aquí er ((Niño e la Plata»! (Va a
salir muy decidido y aparece en la puerta Martina, seguida di
Rujo. Al verlos se queda de una pieza.) \ Jozú ! ¡ Qué habré pi-
zao yo? ¿A que es farzo er duro?
MAR. ¿Ande está? ¿Ande está, que quieo verlo?
LAU. (Señalándose al holsillo del chaleco.) Aquí ; pero no
lo ves.
RUFO. ¿Ahí? ¡Telarañas tendrás tú!
LAU. Tenía.
RUFO. ¿Has cobrao?
LAU. No; pero me voy a cobrá. Mir,a. (Enseña el duro.)
RUFO. (Arrebatándoselo.) ¿A ve? ¿Un duro?
LAU. ¡ Trae pa acá !
RUFO. (Dándole otro.) Toma, hijo. Y que es de los güenos.
(Aparte.) Ya te di er cambiazo. Adiós, mejicano.
MÚSICA
MAR. Vente pa acá, Rufo, antes que yegiie la Hermendá, que
aquí estará Danié. (Haciendo mutis por la derecha.)
RUFO. ¡Libérame! ¡La soga tras er cardero ! (Mutis.)
LAU. La zoga que a ti te ajorque, ladrón. (Poco antes de
hacer mutis los dos, se ha ido oyendo el rumor creciente de la
Hermandad de la Virgen que avanza por los campos, y el eco del
silbo y del tamboril, que un mozalbete toca. En el portalón del
foro aparece el Hermano Mayor de la Cofradía con su varal de
insignia, acompañado de varias mozas con bandejas de metal v
cestas para recibir, las limosnas»)
r
HABLADO SOBRE LA ORQUESTA
HER. La Virgen del Alamo s-ea en esta santa casa.
LAU. La Virgen zea con toos.
HER. Y en zu nombre pido licencia pa entrá en eya.
LAU. Alante la buena gente, mientras avizo al amo. (Vase
por la derecha. Por la puerta del foro entran el Hermano mayor
y las muchachas que lo acompañan, entre las que vienen Mari-
Rosa y Candela. Después entra el muchacho del tamboril, y
24
nj >or último, el estandarte de la cofradía, adornado con flores y ra-
¡jj nos, que lleva otro mozalbete, seguido de otro grupo de mucha-
,j :hos y muchachas que llevan panderetas y castañuelas* Por ia
huerta de la derecha salen Rufo, Lauro, Daniel, Antonio y Mar
-j lina.)
i CANTADO
CORO. Virgencita buena,
Virgencita hermosa ;
vara de asusena,
carita de rosa.
Bendice la casa,
pura y santa prenda,
del que generoso
te brinda su ofrenda.
HABLADO
HER., El que quier,a puede ofrendar a la Virgen.
ANT. Yo mismo,
CANTANDO
¡ Virgen mía !
¡ Pura luz del alma mía !
Con tu generoso manto,
cubre mi pena y mi llanto
y descubre mi alegría,
que es el día
en que llamas a mi puerta
y siento tu bendisión ;
¡ mi puerta tienes abierta,
y abierto mi corasón !
¡ Virgen mía,
pufa luz del alma mía !
la que atendió con cariño
mi pobre reso de niño ;
¡ descubre tú mi alegría 1
que es el día
en que un hom.bre conmovió
solicita tu perdón^
y te muestra ar.repentío,
abierto su corasón.
(Hinca en tierra una rodilla.)
Virgen de mi devosión,
pura luz del alma mía ;
escucha su invocasión,
25
que es el día
de tu glorioso perdón.
Virgencita, chiquita y morena, . ^
claveyina del huerto de Dios,
que en tus manos se quede mi pena
■ y en tus ojos se encienda mi amor. '
CORO. Virgen mía, etc., etc.
HABLADO
ANT. Muchachos ; cargá en las muías er saco más grande
que encontréis. Esta es mí ofrenda de este año. Y fuer.a, apartej
¿€ eso, ahí va, Mari-Rosa. fDeja unas monedas de plata en ¡o
bandeja que Mari-Rosa le presenta.)
HER. La Virgen del Alamo lo premie y lo aumente.
ANT. Así sea.
MARI. ¿Y usté? (Acer cánS^ose a Daniel con la bandeja.)
DAN. Muy pobre es mi ofrenda pa la Virgen y pa lo que me-
resé la cara que la pide. ¡ Ahí va ! (Echa unas monedas de ora
en la bandeja.)
MARI, i Cuatro onsas f ¡La Virgen se lo pague
RUFO. ¡Viva er «Niño e la Plata»! Eso es quedá bien.,
y lo demás jaramago. ¡ Viva er rum.bo ! Me ha contagiao. Toma
Candelita de mis entretelas; tres pesetas tengo... Tuyas son.
(Las echa en la bandeja de Candela.)
LAU. (Aparte.) achico...) (A Candelita.) Ven p'acá, ze-
rrana, miyones que tuviera, tuyos zerían. Toma. ¡Un duro 4
(Dejándolo en la bandeja con arrogancia.)
RUFO. Ese es farzo.
LAU. ¡ Tú sí que eres farzo !
RUFO. Es mejicano.
CA-ND. (Examinando el duro.) Di que no, que es güemo
chiquiyo. ¡ Has quedao zuperió !
RUFO. ¿A ve? (Saca dos duros de debajo de la sotana.)
Pos es verdá. (Aparte.) (Er mejicano está aquí. Me equivoqué.
Na. que no lo paso ni con «prestidigitación)).)
FÍER. Vamos, que toavía hay mucho campo que andá.
CAND. ¡En mar.cha ! (Van saliendo todos. Mientras el tam-
bor y la dulzaina repiten el motivo de la entrada del coro.)
ANT. Adiós, Mari-Rosa; hasta luego, ¿no?
MARI. Hasta luego. ;Te quedas, Rufo?
RUFO. Tengo que hasé en la ermita.
Dx^N. {A Mari-Rosa.) xAguacda u:n momento, Mari-Rosa.
MARI. Ya estoy quieta. ¿Qué quiere usté?
DAN. Que me hables de tú... y que tomes esto. (Quitándose
una gran cadena de oro que llevará al cuello.)
36
MARI. ¿Esto?
ANT. (A Mari-Rosa, que duda hacerse cargo de la valiosa
ha ja.) Anda, inujé, tómala.
MARI. (Mirando a Daniel fijamente.) Esto vale mucho. (To-
lando la cadena.)
PAN. Ahora es cuando vale.
MARI. (Mirando a Anionio con exirañeza, ) Pero...
DAN. Es pa la Vir,gen.
MARI. (Mirando alternativamente a Antonio y a Daniel,
'on cierta desilusión, como si mostrara herido su amor propio
e mujer, un momento halagado con la idea de que la dádiva
ra solamente tributo a su belleza.) ¡Ah!... ; Pa la Virgen!
'ues... que la Virgen se lo pague.
ANT. Y corre, muchacha, que ya irán lejos. (Mari-Rosa co-
re hacia la puerta y desde allí vuelve la cara a Daniel.)
DAN. (Un poco pagado de su generosidad y como contesta-
ión a lo que ella dijo antes.) ¿ Ha quedao bien er «Niño e la
'lata?))
MARI. (Muy insinuante.) Querrá usté desí «er de la Ribera»...
Mutis. Daniel y Antonio la siguen ; Daniel, más decidido, llega
lasta la puerta y la contempla arrobado.)
RUFO. (Filosófico.) ¡Ay, ay, ay, ay!... ¡Rufo Perales!...
Dios quiera que no te arrepientas de haber cumplió con tu
,6bé..., con tú debe tres duros.
- TELÓN
ACTO SEGUNDO
CUADRO PRIMERO
Paraje en la ribera del Guadiamar, donde están la ermita del
Alamo y el Molino. En primer término, a la izquierda, el por-
talón de entrada al molino, bajo un cobertizo adornado con
una lozana parra que trepa por los pilares que lo sostienen ;
un poyo de mamposter.ía a ambos lados de la puerta, y junto
a uno de los pilares, una desgastada piedra de moliino que sir-
ve de asiento ; la fachada, el poyo y los pilares, pregonan la
blancura de la cal de Morón, y es de teja muy roja el co-
27
ibertizo. En segundo término, un rompimiento de chopos y áíj
mos ; a la derecha, entre dos troncos, bastante separado;
empieza la suave rampa que conduce a la ermita, y que c
una vereda que cr.uza hacia la izquierda casi todo el escem
rio^ para torcer nuevamente hacia la derecha y termina en 1
ermita, que destaca su blancura y la simpatía de su traz¡
entre los troncos de los álamos descritos. En segundo términí
a la izquierda, el múrete del caz, que formiai un recodo y s
pierde tras el desmonte del camino alto. Lejanías de oliv
Es el día de la Virgen del Alamo, por la mañana. Antes
levantarse el telón se oye una copla que canta una muchacha
acompañada de guitarras y ' castañuelas.
VOZ. i Blanca paloma !
Eres, Virgen del Alamo,
blanca paloma,
y en tus alas no hay pena
que no recojas.
Oye m; rezo,
para ser la paloma
del que yo quiero.
( Se levanla el telón cuando está la romería en pleno apogeo
Muchachas y muchachos del pueblo, con los trajes de fiesta
forman pintorescos grupos: unos, sentados en el caz, otros, poí
el camino alto ; oíros, junto a los árboles ■ sei'í^-adas en el suele
unas, y Qtras de píe, varias muchachas tocan la pandereta y cor]
ellas acompañan la copla de sevillanas que otras dos cantan y qti
cuatro parejas bailan. Entre ellos destaca Rufo, de sotana, Lau
ro, resplandeciente con su traje dominguero, y "Martina, hecha
un brazo de mar ; formando un grupo a la puerta del molino, en
el que están Mari-Rosa, Daniel y Un Tratante.)
CANTA. ¡ Qu'ero y no quiero !
\ Querer quisiera !
Quiero a la que me quiere
de í¡al manera,
que. quisiera al mor'rme,
que se muriera.
Y que al morirse,
me tuviera en sus brazos
para morirme.
VOCES. (Sobre la música.)
¡ Olé, lo bien bailao !
¡ Grasia ahí, cantando !
'j Viva la Virgen del Alamo, viva !
[ORO.
UFÓ.
liUFO,
!,10Nr
m
-
(Por la izquierda llega una. rondalla de guitarras y handii-
rfias, precedida de chiquillos que corren y salían, enire los que
se destacan cuatro monaguillos con solana celesle y roquete bland-
eo, i'\fme ^ Ri'fo hacen la rueda^ y dejándolo en m^dio,
dan vueltas a compás del pasodoble de la rondalla.)
Que cainte 3^ baile Rufo,
¡ fuera sotanas !
Yo pronto me arremango,
¡ como ias badas !
Venga de ahí.
Vamos allá.
Y a ver la grasia
pa acompañar.
Unía, niña bailando
perdió una liga.
Creyó que esía'ba abajo
y estaba arr ba.
Y acaso tengas tu martingala.
¡ Mi miar tíngala !
(Señalándose el ojo derecho.)
Buscar siempre las ligas
bajo las faldas.
(Baile, en el que le acompaña Martina en-
tusiasmada.)
Cuando paso la noche
junto a tu puerta,
la empujo pa enterarme
si es que está abierta.
Y acaso tengas tu martingala.
¡ Mi martingala ¡
Cuélate donde puedas
y a ver qué sacas. (Nuevo baile.)
RECITADO SOBRE LA MÚSICA
VIEJO. Bueno ; basta de baHoíeo.
JOVEN. ¿Vamos a columpiarnos en el olivar?
MUCH. Y a llevarle las flores a la Virgen.
VOCES, Sí ; vamos. ¡ Viva la Virgen del Alamo ! ¡ Viva I
(Un grupo se marcha por la derecha, con la rondalla, y otro,
■en el que van muchachas por parejas, llevando cestas llenas de
flores, suben la rampa de la ermita, hasta hacer mutis. La ron-
dalla es la última que sale, y poco a poco va dejando de oírse
el pasodoble que comienza a tocar después del baile de Rujo.)
29
HABLADO
RUFO. (A uno de la rondalla, con cierto misterio.) Ya lo
sabéis^ muchachos. Antes de la procesión la serenata. Y que no
se enteren ni los instrumentos. .!
UNO. ¡ Convenio ! (Mutis.) |
DAN. (A Rufo.) Eso ha estao bien, Rufo. . !
RUFO. (A Lauro, dándole una palmadita en el hombro.)^
¿Qué? ¿He estao güeno? <
LAU. (Con desprecio, volviéndole la espalda^.) ¡M 'alegro de^-i
verte güeno !
CAND. Has estao zuperió.
LAU. Pa ponerlo en un cuadro y corgarlo por aquí. (Por eíf
pescuezo.)
RUFO. Miá qué grasia, hombre. Y tú... de clavo, pa que.
te machaquen la cabeza.
TRAT. (A Daniel.) Pos ya sabe usté que siento de veras que
no esté su hermano, porque era un bonito negosio ; per^o en fin,
ya que usté no quiere tratá sólo conmigo, será forsoso espe-
rarlo.
Dx^N. Se fué ya va para ocho días. Cuestión de la maquinaria
nueva que hemos puesto,
MARI. Nosotros lo esperábamos ayé, porque er quería estar
hoy aquí.
DAN. Pero escribió desde Sevilla diciendo que no sabía cuán-
do podría ser.
TRAT. Pos si es así, tendeemos pasiensia.
DAN. Ya será pa poco..., ¡digo yo!
TRAT. ; Ea ! Pos quearse con Dios... y muchas grasias por
la buena acogía. (A Danieh) ¿Quiere usté acompañarme a tomá
unas cañas en el ventorro? Tengo yo mucho gusto en obse-
quiarlo.
DAN. Y yo en aseptá la finesa.
TRAT. Cuando usté quiera.
DAN. Pos... hasta ahora mismo. (Hacen mutis por el segun-
do término derecha.)
RUFO. Vayan ustés con Dios. (Relamiéndose y secándose la
boca con la manga.) \ Y que aproveche!
MAR. Oye, Rufo.
RUFO. Manda por esa boca... (At>arte.) (tapia de mi corrá.)
MAR. ¿Qué dises?
RUFO. Que cá día está más bonita.
MAR. ¿Quién?
RUFO. Una que está siega por mí.
MAR. Y que lo digas.
RUFO. (Aparte.) De hoy no pasa.
30
LAU. (Aparte.) Hoy lo mato con zotana y too.
CAND. (A Lauro.) ¿Qué te pasa a ti, puercoespín?
LAU. (Aparte a Candelita.) Que ze va a acabá er clero esta
tarde por cauza tuya.
CAND. ¡ Olé los hombres! ¿A que no?
LAU. Tú lo verás.
CAND. Vamos a verlo. Oye, Rufo.
RUFO. Mándame tú, piñonsito acaramelao.
Cx'\ND. Que hoy queremos mi madre y yo que vayas a la pro-
sesión hecho un ascua.
RUFO. ¡Y qué! ,
CAND. I3ízelo usté, madre.
MAR. ¿Er qué?
CAND. Lo de la zotana.
MAR. ¡ Ah, zí ! Mira, Rufo ; te hemos hecho una zotana
nueva.
RUFO. ¡Olé!
LAU. Pero... ¿tú también? (A Candelita.) ¡ Ay zu familia!
MAR. Y como no se han encontrao botones, vas a tené que
darme eza pa quitarle lo suyos y pegárselos a la nueva.
LAU. (Aparte.) ¡ Ay, zu zangre ! j Zin zotana! ¡Lo majo!
R-UFO. (Mirando a Lauro con terror.) Pero... ¿quitarme la
sotana? No. Mira, déjalo y ya me la abrocharé con arfileres.
MAR. Anda ya, quítatela, que no quiero que vayas con esa a
la prosesión.
CAND. Zí ; ze los pegamos en un zarto.
RUFO. (Mirando a Lauro. Aparte.) ¡Zarto er que yo voy a
pegá ! ¡ Que no, ea ! ¡ Que me voy a refriá !
CAND. (Quitándosela a la fuerza.) ¡Acaba ya! Con la caló
que jace !
LAU. (Ayudando a Candelita, gozoso.) ¡ Que te la quites, hom-
bre ! (De un tirón se la quita y se la da a Martina.) ¡Fuera ca-
ziiya ! ¡ Azín na más ! ¡ Zin estorbos !
RUFO. (Que se queda en mangas de camisa, le quita la so-
tana a Martina y se la pone en forma de mantón.) ¡As... chiss!...
¿Lo ves? (A Martina.) \ Oye \... (Aparte.) No, que ésta no oye.
(A Candelita.) ¡Oye! ¿Y cuanto tiempo voy a está sin esto?
LAU. Er zuficiente.
CAND. Cuestión de media hora.
RUFO. ¿Media hora? ¿Er suficiente? ¡ Ca !
MAR. Trae (Cogiendo la sotana definitivamente.) , que eres
un plomo.
RUFO. (Plantándose de un salto en la rampa de la ermita.)
Un pájaro es lo que soy. (Desde la rampa,) ¡As... chiss!... Voy
por la chaqueta. (Aparte.) Y me pongo er bonete. A mí no me
31
11
coge ése sin el atributo. ¡Libérame! (Y se va por la rampa,'^
LAU. (Aparte.) No te libra ni el zurzum cordia.
MAR. (A Candelita.) La zotana está toavía aquí, en d n^i
lino, ¿no? (Señalando al molino.)
CAND. Zí, pa que er no la viera. Y abuja e hilo tamién.
MAR. ¿Vienes, Mari Rosa?
MARL Sí, que tengo que vestí a la niña.
MAR. Y tú, Candelita ; más vale que te des una vuerta po'r
ayá. ,
CAND. Voy dezeguía, madre. (Mutis Mari Rosa y Martin^
por el molino.) %
LAURO
¡ Candelita !
CANDELITA
¿ Qué quieres ?
LAURO
Mira, pimienta,
que te estás divirtiendo
más de la cuanta ;
que está mu feo,
que conmigo te gastes
tanto chungueo ;
que ya estás abuzando
de mi nobleza,
y que estoy más pa arriba
de la cabeza
de ze 'tan güeno,
y de tragá zin gana
tanto veneno.
CANDELITA
Jozú, niño ; no zeas
tan fanteziozo,
que no tienes motivo
pa está zeloso.
LAURO
¿Que no? ¡Ni gana!,
pero tú no te peinas
pa zacristana.
Ezo ya pucs tenerlo
por descontao.
CANDELITA
Me has hecho gracia. Lauro.
LAURO
¡ Zoy mu zalao I
CANDELITA
¡Adiós, mojama!
¡ La za de mi zailina
tiene la fama!
LAURO
¡ Ca verdá es lo que digo,
que enciende yesca !
CANDELITA
O que enciende lechuga,
que es coza fresca.
LAURO
¿Fresca me dices,
y azín me lo refriegas
por las narices ?
Pa fresca una lechuga
que yo camelo.
CANDELITA
Quién, yo?
LAURO
Lechuga y media '
CANDELITA
Caya, canelo !
LAURO
¡ Farza !
Maleta I
CANDELITA
Alacrán I
32
lyAURO
Lagat-tija !
CANDELITA
¡ Costal I
LAURO
Veleta !
CANDELITA
(Yendo hacia él, con coque-
tería.)
lSío te enfades, preziozo,
3onite contento,
:ju€ zi yo zoy veleta,
;ú eres mi viento.
Sóplame fuerte,
^ ya verás qué firme
/■oy a quererte.
LAURO
[Resistiéndose a duras penas.)
Que no me ablando, ea,
que no me ablando,
3orque co'n dos barajas
Bstás jugando,
f a mí, en er juego,
lo me «gusta que nadie
me tire er pego.
CANDELITA
jiEres bruto y negao,
porque ilo .eres !
LAURO
Lo que es, que no me fío
de las mujeres.
CANDELITA
¿Y te quies cazá?
LAURO
¡Zi acazo yo me cazo
va a-ze... en la má !
CANDELITA
íQuiés decirme la mosca
que te ha picao,
pa hablá con eze tono
tíin destempla© ?
LAURO
Mosca o mosquito,
estoy... ¡ pa que me pizen
en un cayito !
CANDELITA
Pero ¿qué es ilo que paza?
LAURO
Paza uña coza,
que es un crimen, Candela ;
que Mari-Rosa
y Danié...
CANDELITA
¡ Cayá !
LAURO
¡ Y ezo, no ! Por traiciones
no 'pazo, vaya !
Desde que en mada hora
ze fué zu hermano,
detrás de la paloma,
ronda 'cr milano.
CANDELITA
¿Y eya?
LAURO
Conziente
en que las "aguas vayan
comtra corriente.
CANDELITA
¡ Zi no es (posible ! . . .
LAURO
Rufo,
que es un marrajo,
zé también que a escondías
anda en el ajo.
¡ Miá zi lo cojo!...,
¡der primer puñetazo
le zarto un ojo I
Y que quizá no paze
de esta mañana,
¡ como puea piyarlo
zin la zotana !
CANDELITA
Pos yo no creo
33 „ 3
que Mari-Rosa tenga
tan (ir. al dezeo.
Er zolito zi aoazo
tendrá la curpa ;
pero e3-a, de toes modos,
tiene - discurpa.
j Es mucho tipo !
(Suspirando.)
¡ Ay ! Er «Niño» es un hombre
que quita el hipo !
LAURO
(Amoscado.)
¿También te gusta? ¡Vaya,
z'ha terminao !
¡ Me los meriendo juntos
en un bocao I
CANDELITA
i Ojú, qué tío !
¿Quién me busca un valiente
que z'ha perdió?
LAURO
Er valiente que buscas
yo te lo encuentro :
i aquí está I
CANDELITA
¿TÚ vaíiente?
Zerá por dentro.
LAURO
¡ También por fuera !
CANDELITA
¿Tü ? ¡De boca !
LAURO
(Yendo hacia ella.)
¡ Y de manos !
CANDELITA
(Huyéndole.)
Quieto..., ¡ gelera !
LAURO
Acaba ya de darme
pares y mones,
pa que nos eche el cura
las bendiciones.
¡ Anda, z erra na !
CANDELITA
¿Yo? ¿A un hombre que ze
[azusta
de una zotana?
LAURO
Pos pa que yo te" logre,
di de una ve
qué es lo que, ipa tu cuenta,
tengo que hacé.
CANDELITA
Pa que te quiera, ,í
aprendé a zer un hombre
de esta manera :
MÚSICA
CANDELITA
Teniendo una novia >
chiquita y morena,
que es guapa y te quiere,
y en ti solo pienza,
la cara de gloria
y el a'lma de fiesta,
con 'luz en los ojos
y fuego en las venas,
zi un ihombre atrevió
robarte quiziera
'lo que pa ti zolo
tú quieres que zea,
zentencia de muerte
merece el ladrón ;
ze busca, ze acecha,
ze reta, ze riñe,
y tu faca valiente
ze tlñe con sangre caliente
de zu corazón.
LAURO
¿Y na más?
CANDELITA
Y ina más.
LAURO
¿Na, na, na?
34
CANDELITA
¡ Na, na, na !
LAURO
; Pos verás !
Yo tengo una novia
¡ chiquita y morena,
que tiene más zalza
que un guizo de almejas,
con más alegría
que un día de fiesta,
y más peligroza
que un lobo en la zierra ;
zi un hombre atrevió
robairme quiziera,
lo que pa mí zolo
yo quiero que zea,
ni riñas, ni muertes,
ni facas habrá :
lo miro, me río,
le güervo la esparda...,
y me 'busco al instante
una novia más firme y constante
j y no ha pazao na i
CANDELITA
¿ Pero na?
LAURO
i Pero na !
CANDELITA
¿Na, na, na?
LAURO
¡ Na, na, na !
CANDELITA
Pos verás.
El hombre que yo prefiera
ha de ser con condición
que por un capricho mío
se juegue su corazón.
LAURO
La mujer que yo prefiera
ha de ser, con condición
de que no le guste er vino
ni er marío peleón.
CANDELITA
¡ Azi ha de ser
por el - querer
de esta mujer !
LAURO
¡ Azi: ha de ser
eza mujer
que yo querré !
(Le vuelve la espalda y se reti-
ra un poco.)
CANDELITA
¡Oye, tú,
ven acá !
LAURO
i Déjame,
quita ayá I
CANDELITA
(Rabiosa.)
¿Conque..., zi?
LAURO
(Altanero.)
[ Ya lo ves !
CANDELITA
(Más rabiosa.)
\ Güeno está !
(Fingiendo llanto.)
\ Lo perdí !
¡ Ji..., ji..., ji... !
LAURO
(Vacilante.)
¿Es por mí?
¿ Voy a ayá ?
CANDELITA
(Entre el llatito.)
l Ven . . . , aquí !
LAURO
(Yendo a ella amorosamente y
tratando de quitarle las ma-
nos de los ojos.)
\ A dejá de yorá !
35
(Q
CANDELITA
Hitándose las magnos y mos-
trando una cara radiante de
alegría.)
¡ A empezá
la reí !
LAURO
¡ iCoqueta !
\ Vekta !
¡ Te voy a matá !
CANDELITA
¡ Cobarde !
; 'Maleta I
No
zirves pa na
LAURO
¿Yo, pa 'na?
Tú,
I Ven
¡Voy
CANDELITA
pa na !
LAURO
acá!
CANDELITA
allá!
LOS DOS
(Riéndose.)
¡Ja, ja, j,a!
(Riendo francamente a carcaja-
das y haciendo burlen a Lauro,
se va CandeUta por la rampa.
Cesa la música. Lauro duda
si marcharse tras ella o de-
vorar en silencio su ridiculo.
Por fin se queda y, filosófi-
camente, dice.)
I
HABLADO
LAU. ¡ Güeno ! ¿No es pa matarla? Unas veces me paec€
que está por mí hasta la peina, y otras que está por eze tío
zancristán que Dios remate sin puntiya. (Como arrepintiéndose
momentáneamente y absolviéndose por anticipado' ) \ Liebre da-
me ! ¡ ¡ Y es que tengo yo mala pata, zeñó ! ! Pizo arfaría y me
larga la niña una gofetá y luego me dan un duro ; quedo como
los ángeles. Zigo pizando arfaría a ve zi también zigue la !r,acha,
y en ve der duro me dan unas calenturas. Y lo mismo zi pizo
jaramago, y zi pizo lentisco ; no zé ya lo que vi a pizá. Vi a
tené que andá en puntiyas ; o ar zarto, como los gorriones. ¡ Pi !
(Y da un saltito) ¡ Pi ! (Idem.) ¡ Pi ! {Lo mismo. Daniel, que
viene por donde se fué, queda un momento sorprendido al ver
los extraños movimientos de Lauro.)
DAN. Pero... ¿qué es eso, muchacho? ¿Te has vuelto loco?
LAU. ¡ Pi ! (Dando un último salto.) ,
DAN. Pero, ¿qué haces?
LAU. Pos... ya usté ve. Aquí... jugando a los pajaritos.
DAN. ¿Y no tienes otr.o sitio mejor que éste?
LAU. ¿Es que estorbo aquí?
DAN. lEstorbá... regulá ; pero si mi hermano estuviera aquí,
te daba un picotaso pa que no hisieras er tonto.
LAU. Los picotazos que tie que dá zu hermano cuando esté
aquí, no zon pa mi cresta ; ezo lo zabe usté.
DAN. Oye... ¿qué dises tú ahí? ]
36
LAU. Na; pero no ande usté mucho con Rufo por zi acazo...
porque too ze zabe.
DAN. (Torvo, casi amenazador.) ¿Er qué se sabe?
LAU. Lo que arguno quiere que no ze zepa.
DAN. (Lo mismo.) ¿Qué?
LAU. Que yo zé agradecé er pan que como ; que lo quiero a
usté como se mer,ece, y que le digo que no es güeña la compa-
ñía de Rufo pa ciertas cozas. Ahí está er toque.
DAN. (Con forzada sonrisa.) Es eso una amenasa, ¿no?
LAU. Ezo es decirle a usté que pa jacerle a usté caso^ me
he jecho del Zovié, y por ezo me entero de too lo que no me
importa.
DAN. Pos lo que te importa a ti... es cáyarte, ¿no? (Impe-
riosamente y cogiéndolo de un brazo.) \ Gayarte !
LAU. Ya estoy cayao. Pero lo que me importa a mí, es cogé
a Rufo a mi gusto, y abrirle raya en medio de un garrotazo.
Conque... lo dicho... ¡Cayao!... Y quearze con Dios. (Inicia el
mutis por el primer término derecha.)
DAN. ¿Dónde vas?
LAU. (Como si blandiera una estaca.) Por er peine... ahí, a
un castaño.
DAN. (Viéndolo irse, respirando a sus anchas.) ¡Por finí
¡ Ahora o nunca ! ¡ Quiero tenerjo too preparao ! ¿ Ande estará
Rufo?... Malamente hago metiendo a ese fantoche en la faena;
pero esto}'^ loco, loco... (Rufo aparece por la rampa de la ermita;
trae puesta la chaqueta y escondido en ella el bonete.)
RUFO. ¡Chist!... ¡Damé!...
DAN. (Con recato y vehemencia simtdtáneos.) ¡Qué! ¿Qué
hay?
RUFO. (Solemne.) ¡ Notisia !
DAN. ¿Qué?
RUFO. ¡ Antonio está ar yegá !
DAN. ¿Cómo lo sabes?
RUFO. Por Perico C|\rrasquiya, que se lo ha encontrao en
Seviya. ¡ Andá, y cae en verso y too ! si no viene en el tren de
las onse yega mañana por la mañana.
DAN. (Vehemente.) Pos... sin perder minuto. En la corra-
llsa der ventorro tengo el Bolero atao. Yévatelo a las Nogueras,
y que no se entere ni la tierra.
RUFO. ¿Ya quién se lo dejo?
DAN. A nadie. Lo trabas, y tú pa acá como si tar cosa, ¡ Ah !
Y ten cuidao con Lauro, que, o lo sabe, o se lo malicia. No gas-
tes chuflas con él^ porque ese te maja el bonete.
RUFO. Si no lo tengo puesto, no me importa ; le importa-
rá a él.
DAN. ¿A él?
37
RUFO. Ar bonete, digo.
DAN. Pos por un garrote ha ido que es un patíbulo.
RUFO. ¡ Caray ! que tienes unas comparasiones, que aco-
gotan.
DAN. Es que sólo ve er garrote es verse en capiya.
RUFO. Pos lo desarmo. A mí, en ,capiya, no. Con la ermita
tengo bastante.
DAN. Bueno, ayá tú. Vete ya, y no pierdas minuto. ¡ Er ca-
bayo... en las Nogueras !
RUFO, i Ayí estará. (Haciendo mutis.) Eztará... si me suer-
tas la «tela», que si no va a yevarlo tu agüela I ¡ Ay, qué grasia !
Y también se ha salió en verso. (Mutis segundo término de-
recha.)
DAN. ¡ No hay tiempo que perdé ! Antes que él yegue tie
que ser,. ¡ Antes ! El infierno me ha m.etío en las entrañas esa
mujé. (Se dirige al molino y desde la puerta llama a Mari-Rosa.)
Marj-Rosa, vida mía.
MARI
(Saliendo al cabo de un ins-
tante.)
;Qué es lo que quieres, Da-
[niel?
DANIEL
¡ Ver en tu cara alegría,
clavellinita ensendía,
painallto de mi imiel !
MARI
¡ Calla, Daniel, que a tu ha-
[blar,
me voy sintiendo rendir,
y, si más te quiero huir,
más a ti voy a parar,
como las olas deJ mar
van en la playa a morir I
Olas mis deseos son
que se leya'ntain bravias
del mar de mi corazón ;
¿de qué valen las porfías
con que quiere la rasón
sujetar -fus energías,
si pa mi condenasión
su ronca voz me avasalla
y están mis sentios presos
del cristal de su muralla,
3»
y hechas espumas de besos
quieren morir en tu pilaya?
Por vivir, muriendo estoy ;
de too confío y reselo ;
soy llama y quiero ser hielo ;
en el infierno de hoy
miro de mañana el sielo,
y, alondra yo, tú espejuelo,
j a donde me llames voy !
DANIEL
¡ Mi playa te está esperando I
MARI
¡ Pa morir !
DANIEL
¡o pa salvarte I...
Alondra que vas volando,
no reselles asercarte ;
que mis ansias (publicando,
rosas está preparando
mi simbel, pa encadenarte.
MARI
¡ Si como a un Dios te venera
mi fe y en tu fe se ampara ! . . .
¡ Si como una borrachera
que el sentío me quitara,
bebo tu voz traisionera,
y, cuando estás a mi vera,
el corasón se me para
y s« me pone la oara
cQm« el perall d« la sara ! . . .
DANIEL
¡ Eso es cariño !
MARI
,¡ o locura !
DANIEL
¡ Claridá de amaneser !
MARI
; O sombra de noche oscura !
DANIEL
¡ Adorar !
MARI
¡ O aborreser !
DANIEL
• Risa !
MARI
j Llanto !
DANIEL
¡ Luz !
MARI
¡ Negrura !
DANIEL
i El llanto es la levaúra
de 'los panes del querer !
MARI
No sé qué siento al mirarte,
que me entra suor de m.uerte,
y ni acabo de quererte
ni tengo fuersas pa odiarte.
Es algo en que yo ono mando :
miedo o alusimasión,
que me está crusificando
con su clavo el corasón,
¡ porque es la superstisióm
martillo que lo va ahondando
pa mi desesperasión !
Y si no supe aprender,
a vuelta c tanto sufrir,
ni llegarte a a'borreser,
ni saberte maldesir,
ni escuajarme tu querer,
¡ vete, Daniel, de mi vera,
0 una puñalá sertera
acabe co^n esta vía
que ino es tuya ni ya es mía,
porque de tu hermano era,
y se condenó aquél día
en que por la vez primera
te dije que te quería 1
DANIEL
1 Vente conmigo 1
MARI
i No puedo !
DANIEL
¿Es que me itemes?
MARI
¡ Quizás I
DANIEL
i Loco estoy !
MARI
¡ Yo lo estoy más !
DANIEL
¡ Desídete !
MARI
¡ Tengo miedo !
DANIEL
; Ya es tarde pa hallar salía
ni curarme de esta hería,
ni romper estas cadenas!...
¡ Como en la copla sabía,
((yo te tengo a ti metía
en la sangre de mis venas»!...
MÚSICA
MARI, Tengo miedo de buscarte;
tengo miedo de perderte ;
39
¡ miedo de mirarte !
i miedo de quererte !
DAN. Nada temas, mi lucero,
porque sabrá defenderte
contra el mundo entero
esta mano fuerte.
MARI. Loca me tienes, Danié,
y así no puedo viví.
DAN. ¡ Así se aprende a queré !
MARI. (Desfallecida.)
¡ Queriendo empiesa el sufrí !
Este infierno en que me abraso
si sigue me ha de matar.
DAN. i Desecha temores, Mari-Rosa,
desecha temores ya !
HABLADO SOBRE LA ORQUESTA
MARI. ¡Tengo miedo, Daniel!
DAN. ¡Chiquilla mía!
MARI. ¡No puedo remediarlo^ pero tengo miedo!
DAN. ¿Miedo de qué, estando yo a tu lao?
MARI. ¡Ni yo misma lo sé!
Dx\N. ¡ Mari-Rosa, mi gloria, mi sangre !
MARI. ¡Daniel! ¡Mi Daniel!
CANTANDO
DAN. Fuentesita clara,
reina de mi yia,
¡ luserito que ensiendes mi noche
y alumbras mi día !
¡ Capuyo cuajao,
abre en mi mañana !
Pajarito que vuelas alegre,
¡ ven a haser, tu nío bajo mi ventana !
MARI. (Entregada.)
¡ Jardinero mío !
Yega, que me muero^
y en mi huerta que mayo florese
¡ temblando te espero !
¡ Mira que me siegas,
sol de mi mañana !
i que a tus besos retiembla y se ensiende
el jasminerito que hay en mi ventana í
DAN. i Pa mí ! ¡ Pa mí sólo !
¡ Conmigo tu amor para siempre !,
40
\ aunque en el presidio de tus ojos negros
me aguarde la muerte !
MARI. ¡ Pa ti ! ¡ Pa ti sola !
Contigo pa siempre.
¡ Aunque en er presidio que me den tus br^sos
me aguarde la muerte !
HABLADO SOBRE LA OROLiESTA
DAN. No tiembles, chiquiya, y óyeme. Antonio está al yegar.
MARI. ¡Danié!
DAN. Ni tú ni yo podremos ya resistí su presencia. Esta mis-
ma tarde, cuando toos estén en la prosesión, yo vendré a buscarte.
Too lo tengo preparao. ¿Vendrás tú? (Mari-Rosa baja la cabeza
sin atreverse a afirmarlo. El fija en los ojos de ella los suyos,
centelleantes, levantándole amorosamente la cara.) \ Mírame !
MARI. ¡Danié!
DAN. (Triunfador.) ¡Vendrás! ¡Yo sé que vendrás! (Sigue
la música.)
MARI, Pa mí sólo.
DAN. Pa mí sola.
Contigo, mi amor^ para siempre
etc., etc.
(Cesa la música. Antonio y Lauro llegan por el segundo término
izquierda*)
ANT. (Muy alborozado.) ¡ Eh ! Salú a la buena gente.
MARI. (Con s.obresalto.) ¿Eh? ¡Antonio!
DAN. (Contrariado.) ¡Antonio!
ANT. (Abrazando a su hermano.) ¿Qué, toos güenos por acá?
DAN. ¡Ya lo ves!
ANT. ¿Y la chiquiya? ¿Y en la ermita?
MARI. ¡Toos güenos, grasias a Dios!
ANT. (Tendiendo cariñosamente la mano a Mari-Rosa.) ¿Y
tú, mujé?
MARI. Como siempre... ¿y tú?
ANT- Más contento que nunca. Danié, la maquinaria está
comprá y en condisiones ; trabajiyo costó, pero lo he conseguío.
Y toavía sobró argo pa esto que está aquí. (Sacando un estuche.
Daniel se muestra contrariadisimo. A Mari-Rosa le anonada eí
remordimiento. Dirigiéndose a Mari-Rosa.) Penando estaba por
yegá er día de hoy y entregártelo.
LAU. (Asomándose curioso, con admiración. ) ¡ Un aniyo !
ANT. (Satisfecho.) Una lansaera le disen.
LAU. ¡ Jozú ! Ezto se lo pone uno y ze quea tiezo er deo.
ANT. (A Mari-Rosa.) ¡Toma!
41
MARI. (Esperanzada,) ¿Es pa la Virgen?
ANT. Pa ti.
MARI. Pero... (Mirando alternativamente a Antonio y a Da-
niel.)
DAN. TómalOj mujé.
ANT. Mi regalo de casamiento.
MARI. No, Antonio, no; déjalo.
DAN. (Comiéndosela con los: ojos.) ¡Tómalo!
MARI. (Tomando el estuchen.) Agradesía ; pero... no meresco
yo... tanto.
ANT. ¡Tú lo mereses too! ¡Je! ¡Qué chiquiya esta! ¿Pos no
está yor.ando? (Mira alternativamente a Daniel, a quien encuen-
tra torvo y descompuesto, a Mari-Rosa, que no pudiendo más
se lleva las manos a la cara, y a Lauro que, no sabiendo qué hacer,
mira al cielo. Serio, vacilante, quita suavemente las manos de la
cara a Mari-Rosa.) ¡Oye! ¿Por. qué lloras tú?
DAN. (Rápidamente.) Por na. Cosas de la madrina.
MARI. (Vacilante.) ¡Sí! Cosas de la madrina. ¡Ya te con-
taré ! Voy pa dentro. (Mutis por el molino.)
ANT. (Viéndola ir.) Anda con Dios, mujé. (Hay un momento
de penoso silencio. Antonio va hacia su hermano, que está medio
vuelto de espaldas y mirando al suelo. Lauro, como quien no lo
hace adrede, se interpone.) ¿Por qué yora esa mujé? (Daniel se
enc-oge de hombros.) Tú lo sabes ; dímelo.
DAN. ¿Yo? Ya te he dicho too lo que sabía.
ANT. ¿Y por qué pa desirlo no me miras car,a a cara, como
siempre, como los hombres jasen?
DAN. ¡ x'lntonío !...
ANT. ¡ Habla ya 1
DAN. No tengo pa qué.
ANT. (Cogiendo de una mano a Lauro.) ¡Tú!, Lauro, ¿qué
ha pasao aquí? ¡Contesta!
LAU. ¡ ¡ Zeñó Antonio ! ¡
ANT. ¡ ¡ Contesta ! !
LAU. ¡ Las mujeres ! ¡ Mardito zea el gripe que n© ze las ha
ha yevao a toas !
TELÓN y MUTACIÓN
CUADRO SEGUNDO
Telón corto que representa la fachada posterior del molino, que
tiene una ventana con reja practicable.
Pasa Rufo de derecha a izquierda, mira por la reja hacia dentro
y va a seguir su camino, cuando entra Daniel y, dándole un
golpe en un hombro, le da un susto morrocotudo. Rufo viene sin
sotana y con un bonete oculto bajo la chaqueta.
DAN.
RUFO.
DAN.
RUFO.
DAN.
RUFO.
DAN.
RUFO.
DAN.
RUFO.
DAN. (Amenai
RUFO.
DAN.
RUFO.
DAN.
RUFO.
íOye, Rufo!
¡ Caracoles !
No te asustes.
¡ Ca... caramba !
¿Que no me asuste sabiendo
que Lauro ronda la casa?
Oye..., ¿vino Antonio?
Vino.
¿ Sospecha ?
i Lo sabe !
¡ Agua !
Déjame corré.
No temas,
que arreglanon las palabras
lo que a voses le pedía
el filo de su navaja.
Yo defendí a Mari-Rosa
y eché sobre mis espardas
la curpa de too, que a eya
de na tiene que curparla.
Ni es un delito quererla,
ni er que eya me quiera, mancha
pa su honra, que eya es libre,
y no fartó a su palabra.
¿Que no?
ador.) ¡ Que no I
¡ Güeno, güeno !
Si er se conforma, me basta.
Una condisión me puso.
¿ Condisión ?
Que me manchara
pa siempre... y me marcho, Ruf«.
Pos recuerdos a las Pampas.
:43
DAN.
RUFO.
DAN.
RUFO.
DAN.
RUFO.
DAN.
RUFO.
DAN.
RUFO.
DAN.
RUFO.
DAN.
RUFO.
DAN.
RUFO,
DAN.
RUFO.
DAN.
RUFO.
DAN.
RUFO.
Me marcho..., pero con eya.
¿Eh? ¿Qué dises?
¡ Tú te cayas 1
¿Y er cabayo?
'En las Nogueras.
¿Lo ensiyaste?
Y una manta
en el arzón le he corgao
por si acaso te hase farta.
¡ Tú, sonsoniche !
¡ Una tumba !
¡ No me conoses !
¡ Ni ganas !
Dame diez duros.
¿Diez duros?
Te los devuervo, ¡ palabra !
i No me conoses !
Yo no ;
pero sabe mi petaca
y mi borsiyo que Rufo
no devuerve... ni con ansias.
Peno... ¡cómo me conoses!
Toma dos y sobra.
( Guardándoselos.) \ Grasias !
Estos son pa convidarnos
yo y esos de la rondaya
que tengo comprometíos
pa darle una serenata
a Martina.
i Tú estás loco !
pero, ¿no es sorda?
Una tapia
pue que oiga más que Martina ;
pero yo tengo pestaña
y quiero que me sor.prenda
Lauro junto a esa ventana,
creyéndose que Je doy
a Candela serenata,
i Que me maten si te entiendo !
Tú^ déjame ; ¡ martingalas !
Te dejo... y pa siempre, Rufo;
por too lo que has hecho^ grasias.
¿Un abrazo? (Se abrazan.)
Ten cuidao,
de no apretarme con gana»,
porqije pues estropearme
44
DAN.
RUFO.
DAN.
RUFO
(Despidiéndolo.)
\ Hasta la vuerta !
Que me escribas una carta
dicióndome coimo sigues...
(Volviendo al proscenio.)
y... ¡imardita sea tu estampa!
I Pos no me ha dejao dos duros
y eran diez los que es-per aba !...
Claro está que yo tampoco
he cumplió mi palabra,
y ino he yeviao el Noguero
a las Bolleras — ¡caramba,
que -no sé lo que me digo !
¡ Que se me lengua la traba ! —
¡ Y es de cargo de consiensia ! ;
pero, ¿iba a ser tan canaya
que por dos cochimos duros
y cuatro puros con faja
y tres copas de aguardiente
manchase yo mi sotana?
i Eso no ! Darle la coba
y alimentá su esperan sa
— alimentando mis visios —
mientras que leil otro yegara,
güeno está, pero, ¿lo otro?,
¿ lo de ayudarle a yevársela ?
i ((Niño de la Plata», tienes
pa comprarme poca plata !
¡Antes de que te la yeves
se van la enterá las ratas !
el atributo. (Saca el bonete.) ¡Esta alhaja I
(Poniéndoselo.)
Los cuatro pinchos pa arriba
y así, a cuerpo, sin sotana,
Paneseré un tenedó.
¡ No estás tú mala cuchara !
En sirviendo pa cubrirme
cualquier ((CubiertO)) me sarva.
Adiós, Rufo. (Mutis por la derecha.)
Va la saberlo, ¡hasta la Sorda 1,
que está del asunto en Babia.
¡ Miá tú si voy a dar voses
pa impedirte lo que fraguas !
¡ Y no te ía yevas ! Eso
lo juro. ¡ Sin miartingalas !
Y, ahora, vamos con lo mío.
Primero, la serenata ;
yega Lauro, yo le digo
que es pa la Sorda ; la yama,
er le dise que la quiero,
gritándole, y santas pascuas ;
porque yo, a voses, no .puedo
desirle lo que me pasa,
pensando en que sean míos
los ojiyos de su cara,
su inariz respingonsiya,
sus dos orejas de tapia,
y er borso de las moneas
que tiene ar pico del arca.
Yo hago asín con lia cabeza
(Signos afirmativos.)
mientras por mí se declara ;
me sirve de trompetiya,
y la loigro. ¡ Martingalas !
Ya habrá tiempo pa lo otro,
que ya está aquí la rondaya.
(Llegan, en efecto, los mozos
de la rondalla y evolucionan
capitaneados por Rufo.)
MUSICA
RUFO. Muchachos, vení pa acá.
Un poquito de atensión
porque vamos a ensayá
mi cansión.
45
f
Se trata
de darle una serenata
a una niña muy juncá ;
y quiero
que se entere el mundo entero
y se entere su mamá.
Su mamá que es una sorda
guapa y gorda
de ver.dá.
i Ay su mamá !
TODOS. i Ay su mamá 1
RUFO. ¡Una sorda
que se amorda
a mi modo de pensá !
¡ Ay su mamá !
TODOS. ¡Ay su mamá!
RUFO. Conque vamos a empesá.
Unas veces a tocá
y otras veces a cantá
y otras veces a gritá.
¡ Oye !
Nena de mis ojos^ ¡ oye !
Oye mi cansión y deja
que yo me acerque a tu reja
y al cantarte yo me apoye.
I Oye !
(A gritos.)
¡¡Oye!!^
y er tuyo a mi cuerpo enroye,
que estoy rendío y cansao
y como yo esté enroyao
ya no hay quien me desenroye.
i Oye !
(A gritos.)
¡ ¡ Oye ! ! _
Que estoy loquito perdió
y muerto por tus peasos
y como caiga en tus brasos...
LAU. (Qup entra por donde se fué con un tremando garrote ■
i Ahora es cuando te has caío!...
RUFO. (Asustado.) \ \ Dios mío ! !
LAU. ¡ Ove !
RUFO. i 1 Huye ! !
¡ Ahora es cuando me *he caío !
46
LAU. ¡Ahora es cuando te has caío !
(Cesa la música. A los de la rondalla:.)
HABLADO
LAU. Hace er favó de irze, que tenemos éste y yo que ajustá
una cuenta.
RUFO. (Con pánico.) No irse, no.
Lx'\U. (Con imperio.) Largo, he dicho. (Se van los músicos.)
RUFO. Güeno, güeno. Pos... hasta la noche, muchachos.
(A Laur-o.) Y tú dirás. (Aparte.) ¡ Misericordian tuani ! (Y echa
áisimuladamente una bendición.) \ Misericordiam !
LAU. Déjate de latinajos, que ya no valen pa mí, porque
me he hecho der Zovié.
RUFO. ¿Der Zovié? ¿Y qué es eso?
LAU. Pos una coza que darnos un reá toos los domingos y
nos echan un discurso ca quince días.
RUFO. ¿Sí? Pos mañana mismo me apunto yo.
LAU. ¿Pa da er reá?
RUFO. Pa echá discursos. Sigue.
LAU. Güeno. Pos vamos a aclarar muchas cozas^ y ya pues
di rezando lo que sepas, porque te vi a dejá esfondao ese pu-
chero que tienes por cabeza.
RUFO. Libérame. (Aparte.) ; Ay, zotana de mi vida! (Alto*)
Mira, Laur.ito, ar puchero no me toques, que estoy de vigilia,
¿sabes?
LAU. Pos a cardo te voy yo a poné.
RUFO. Mira, Laurito, que no estoy pa sopitas ; que esta
serenata es pa Martina^ -'sabes?
LAU. ¿Pa la zorda?
RUFO. (Ezo mismo. ¡Je! Porque a mí me gusta, ¿sabes?
LAU. ¿Que te gusta?
RUFO. A morí. Y como no sé declárame,, pos he buscao esta
martingala.
LAU. Güeno, hombre, güeno. ¡ Pos ezo ze lo vas a decí ahora
mismo delante mía ¡
RUF. (Triunfante, aparte.) (Pan comió.) (Alto.) Oye... ¿Y
por qué no se lo dises tú?
LAU. Porque... a mi me interezan más otras cosas. ¡Mira
Rufo ! A mí, mientras has estao tonteando con la zorda y con-
migo y con Candela, me has pareció un fantoche, que no mere-
cías mas que una patá ahí ar regorvé. (Dando una media vuelta.)
RUFO. ¿En dónde?
LAU. En er zitio e las patás. Ya tú me entiendes; pero te
has metió en un terreno zagrao pa mi, y ezo no te lo pazo.
¡ Eres un mar bicho !
47
RUFO. ¿Yo?
LAU. ¡Tú! Un mar bicho... y un medías asules.
RUFO. Miá que te has equivocao de coló^ que son de moda.
Coló de carne.
LAU. Yo zé lo que me digo ; y como también zé agradecé er
pan que como, por traiciones- a Antonio no pazo, v ya ze acab
el liebre dame y er zurzum cordia. ¡ Quítate er monete !
RUFO. ¡ Er monete, no !
LAU. i Er monete, zí !
RUFO. ¡ Er monete, no !
LAU. Pos yo te lo quitaré. (Dándole un bofetón.) Toma, pa
ti pa ziempre, (Rufo da una vuelta en redondo, que aprovecha
Lauro para darle un puntapié.)
RUFO, i Ay, que me has matao !
LAU. Pa que te vengas con martingalas. ^
RUFO. ¡ Ay ! (Candelita entra por la izquierda con la sotana]
nueva. A Rufo, con la mano en la cara.) i
CAND. ¡¡Rufo!! ¿Te duelen las muelas?
RUFO. Las muelas... y er paladá. (Señalando hacia atrás.)'
CAND. Aquí tienes la sotana.
RUFO,. ¡ Ay ! Ya no me jase farta.
CAND. ¿Que no?
RUF, ¿Pa qué? Ya aquí Lauro es der Zovié.
CAND.^ ¿Der Zovié?
RUFO. lEso dise ; pero a mí me ha parecido que es der fubó.
(Da un puntapié al aire y se resiente.) ¡ Ay !
CAND, ¿Zí? (A Lauro.) ¡ Olé los hombrees! Azín te quiero,
chiquiyo. Pero, ¿qué yerba has pizao?
LAU. Es que ya no pizo yerbas. No hay mas que pizá güen.
terreno, pa que too zarga bien. (Se asoma Martina a la ventana.)'
MAR. (A Candelita.) Niña, ¿le diste la sotana?
LAU. ¡Ahí está! ATiora. (Blandiendo el garrote.) Declárate,
Rufo.
RUFO. Pero... ]
LAU. ¡ Ojo, que zoy der Zovié ! ¡ Declárate !
RUFO. ¡Como, las balas! (A Martina, apoyándose en la reja.)
¡¡Oye!!...
LAU. (Afirmando con la cabeza.) ¡Azín! (A voces siempre.)
RUFO ¿Cuándo va a ser eso, tapia de mis carnes?
MAR. ¿Er qué?
RUFO. ¡ Er cazamiento ! (A "Lauro.) ¿Es azín?
LAU. ¡ Azín ! ¡ Dile que la quieres ! \
RUFO. ¡ ¡ Que te quiero, sentrañas ! ! •
' MAR. ¿A mí?
RUFO. A ti... y a too lo que tienes guandao pa mí, so
pasmá.
48
MAR. ¿Qué dises?
RUFO. ¡Parmá! Que me des er sí, aunque sea bemol, ¿qué
^ me contestas?
MAR. Que no,
RUFO. ¿Eh? ¡¡Oye!! ¿Que no?
MAR. Que no te vayas, que voy a salí a darte un abraso...
(Hace mutis, )
RUFO. ¡Olé mi cuerpo serrano! (A Lauro.) Y tú, a ve -'i
me respetas^ que ya empieso a sé tu papá político.
LAU. Papá..., ¿qué?
RUFO. Político, conque a ve si te borras dei; Zovié. (Lauro y
Candela, contentísimos, se arrullan aparte.)
MAR. (Saliendo por la izquierda.) Ven acá tú, chupasirios.
RUFO. Ayá voy, artoniovi sin bosina. (Se abrazan.)
MAR. Te lo has meresío.
RUFO. Toavía no.
MAR. ¿Por qué?
RUFO. Porque... (A Launo y Candela.), vení p'acá y dejá
el arruyo. Oírme. (A Martina.) ¡ ¡ Oye ! ! ¡ ¡ Mari-Rosa y Danié se
van juntos ! !
CAN. No pué sé ; ¡ es mentira !
MAR. ¿Eh? Per.o^ ¿qué dises?
RUFO. ¡¡Que se van juntos! ! (Uniendo los dedos indicando
Ayuntamiento.) ¡ Que se quieren !
MAR. ¿Pero es sierto? ¿Y yo sin sospecharlo? ¡ Mardita sof-
dera ! ¡ Dios mío ! ¿ Pa qué me tienes así ?
RUFO. En la plasoleta der molino están sitaos. Tú, Lauro,
a entretené a Antonio pa que no haya una esaborisión, y yo a
impedí que se la yeve. ¡ Hasta entonses no tendré meresío er sí
bemó de tu suegra! (A Martina.) ¿Tú me has entendió?
MAR. Ni me hase farta. ¡ Qué horró, madresita ! ¡ Yo ! ¡ Yo
sola pueo impedirlo ! Que yo los piye a los dos juntos, y tú, Rufo,
has que no me juiga Danié. ¡Vamos! Pero, ¿qué baséis ahí?
i Hala ! ¡ Al aVío ! ¡ Tú Lauro, a buscarme a Antonio^ y uste-
des dos a ayudarme ! ¡ Virgen del Alamo, que yegue a tiempo 1
¡Anda, Candela. (Haciendo mutis por la derecha con su hija»
Invitando a Rufo a pasar.)
LAU. Anda, Rufo, paza.
RUFO. ¡ Tú por delante, que eres der Zovié !
CUADRO TERCERO
La misma decoración del primer cuadro, con menos luz. Es ya.
al atardecer del mismo día
MÚSICA
(Aparece la escena sola. Cuando lo indica la música, pasa,
desde el primer término de la derecha, al segundo de la izquier-
da, Antonio, con los brazos caídos, baja la cabeza y dando mues-
tras de honda preocupación. Le sigue Lauro, ocultándose para
que no le vea, y tras él hace mutis por detrás de la casa. Des-
pués, y también cuando lo marque la orquesta, pasan sigilosa-
mente, desde el primer término derecha — o sea por delante de la
casa — , hasta ocultarse en la rampa, Rufo, llevando de la mano a
Martina^ y detrás Candelita.)
HABLADO SOBRE LA ORQUESTA
RUFO. Ocultos ahí en la rambla, les cortamos er camino.
Vení p'acá y { cayaítos !
• MAR. ¿¿Eh??
RUFO. ¡¡Que te cayes!! (Hacen mutis por la rampa. A
poco sale Daniel por el primer término derecha, y cautelosamen-
te, también, se acerca al molino, de donde sale Mari-Rosa, con
un mantoncito negro sobre los hombros.)
DAN. ¡Mari-Rosa!
MARI. ¡ ¡ Danié! !
DAN. i Por fin ! ¡ Too listo 1 ¡ Vámonos !
MARI. No, Danié. Déjame. Por lo que más quieras, dé-
jame. Me voy, pero zola..., zin ti y zin él; zola con mi remordi-
miento.
DAN. i Conmigo ! Pa que tus penas sean mis penas ; pa que
tu queré sea este queré mío que me abrasa las entrañas.
MARI. ¡Gaya! ¡Gáyate! ¿Qué palabras son esas tuyas que
unas veses queman y otras basen sangre, y no quieo oírlas y
siempre están clavás en mi sentío?
DAN. ¡Vámonos, Mari-Rosa! ¿Grees tú que podemos vivir
aquí ni un minuto más? ¡Antonio lo sabe too!
MARI, i Dios mío !
DAN. Yo mismo se lo dije^ furioso, atormenta©, loco..., loco
porque te quiero.
MAHI. (Ocultando su rostro entre las manos.) ¡ Me mata la
vergüensa ! . , . ¡Virgen, ampárame!
DAN. (Aprovechando el momento de flaqueza.) \ Vamos I
(Mari-Rosa, con la cabeza baja, da unos pasos tras él hacia la
rampa, cuando se les interponen Rufo, Martina y Candelita.)
5Q
RUFO
[Ni vamos ni na.
MARI
;^ Madrioa !
^ DANIEL
j Paso !
MARTINA
¿Marcharte?
¡ Antes muerta y enterrá !
¿No comprendes, desgrasiá,
que sólo ibusca loga-arte ?
MARI
! Lograrme I
DANIEL
\ Mentira !
MARTINA
¡Sí! (A Daniel.)
¿Por qué te fuiste de aquí
si no ipor otra faena
semejante?
CANDELITA
¡ Y de esa pena
dejó ¡a su madre morí,
'marchándose der molino 1
DANIEL
j Miente quien diga tal cosa !
Fué... por mi arrastrao sino.
Desprésiame, Mari-Rosa,
pero escucha : Me marché
viendo que me perseguía,
loca por un mar queré,
la que mi hermano quería
y luego fué su mujé.
Y yo, que mi vida diera
por mi madre, le juí
sin darle cara siquiera ;
pa que nunca se supiera
cómo ni porqué me fui.
MARI
i Danié !
DANIEL
j Ni manos m más !
S
Pa que mi madre, en jamás
nos mirara aborresíos,
y, ar fin y ar cabo, cosíos
ios pechos a puñalás.
¡ Eso es too ! Y cuando volvía
contento, quiso mi suerte
que yo te viera aqueil día,
y con sólo conoserte,
queriendo darle mi vía,
viniera a darle ila muerte,
MARI
¡ Vete ! ¡ Vete, que quisiera
que la tierra me tragara
pa no verte tan siquiera I
¡ Antes la muerte me diera,
antes mis ojos segara,
que él por mi causa muriera I
Y aunque penas sufriré,
y me costará trabajo
orvidar mi mar queré...,
te juro que yo sabré
arrancármelo de cuajo.
DANIEL
i Mari-Rosa !
CANDELITA
¡ Di que sí,
chiquiya !
RUFO
( Cómicamente compungido.)
¡ Mira qué chorro
de lágrimas ! Pa jumdí
un inavío.
LAURO
(Dentro.)
¡ Rufo ! i Aquí !
¡ Ah ! i Señó Antonio ! ¡ Soco-
[rro '
(Aparece Lauro demudado con-
vulso.)
CANDELITA
\ Lauro !
MARI
(Anhelante,) ¿Qué?
LAURO
(Rápidamente.)
Que la com/puerta
entreabierta se ha quedao ;
que er zeñó Antonio iha pazao
y ¡ayí está zu muerte cierta ;
que ya está medio ajogao ;
que quize zarvarlo yo,
y no entiendo er tmecanismo ;
que la fuerza me fartó
pa zostenerlo, y que no
hay quien le zarve.
DANIEL
¡ Vo mismo
"si Dios me ayuda ! ¡ Vení !
(Vase Daniel rápidamente, y
le siguen Rufo, Lauro y
Candelita.)
MARI
(Desgarradoramente.)
] Antonio ! ¡ Antonio !
MARTINA
(Acogiéndola amorosa.)
¡ Hija mía ! ,
y ora, yora ; vuerve en ti
y piensa bien que tu vía
limpia y dichosa está aquí ;
donde él te ampara y te quiere
y sin que miancha ninguina
mire en li ; sieimpre a su vera,
; y la vera de esa cuna !
MARI
(Cayendo de rodillas.)
:¡ Virgen de mi devosión,
si no mere se o perdó'n,
sárvalo tú. Madre mía,
y prometo €in este día
salir en tu prosesión
descarsa y arrepentía !
(Rumores dentro.)
CANDELITA
(Saliendo.)
] Un miliagro do ha zarvaol
MARI
¡ Grasias, Virgen !
CANDELITA
¡Coin destreza
en er hueco ze ha colao,
y agaiTando la cabeza,
por er cueyo, lo ha zacao !*
RUFO '
(Saliendo.)
¡Es un hombre! ¡Bien, Danié 1
LAURO
(Saliendo.)
i Zano y zarvo ! ¡ Merecía
una crú ! É
RUFO I
(Yendo hacia Martina.)
Pa era la mía
con mi Sorda. ¡ Qué mujé
pa zarvarme a mí la vía !
(Salen Daniel y Antonio abra-
cados, y al ver a Mari-Rosa
se separan.)
MARI
(Yendo, alocada, a abrazar c
Antonio.)
\ Antonio ! ¡ Mi Antonio 1
DANIEL
Y p
estamos on paz, hermano ;
si antes te quise quitá
la vía, como a un villano, M
ahora te la vuervo a dá. Ü
Quiérela, que yo otra ve Cí
me voy de aquí por mi sino ! 0(
y pa nunca más vorvé.
'í
ANTONIO i ^,
¡ No ! ¡No te vayas, Damié ! | |rj
DANIEL Hl
Sí, i¡(por la paz del molino! K
(Ahoga un sollozo, y al mar'^l
charse dignamente por el jo
ro, cae el
TELÓN
Miguel Mihura y Ricardo G. del Toro
Los Campesinos
JU'GUETE CÓMICO LÍRICO EN UN ACTO Y EN PROSA
INSPIRADO EN EL ASUNTO DE UNA OBRA EXTRANJERA
MUSICA DEL MAESTRO
ADAPTADA POR
CELESTINO ROIG
Estrenado en el teatro de Apolo el 12 de noviembre de 1912.
REPARTO
PERSONAJES ACTORES
!>LALLA Srta. Isaura.
íLENA )) Domínguez.
ASILDA » Cortés (P.)
DOÑA VICTORIA » Moreu.
;>ATARRETE S,r. Vallejo.
VLBERTO » Crespo.
VIATEO » Reforzó.
V^ICENTE » Mihura Alvarez.
HECTOR » S. Asensio.
DON GABRIEL » García Valero.
FRANCISCO » Román.
La acción en Madrid. Epoca actual.
53
fc, 6701.94
ACTO UNICO
Salón recibiiTiiento elegantísimo. Puerta al foro y dos a cada ladc
Alfombra r,oja, cortinajes, sillerías, ((étagéres» con figuras y b'
belotes, plantas tropicales, bustos sobre pies de madera, api
ratos de luz eléctrica, etc., etc. A la derecha sofá, y a sus pie;
una piel de tigre, cuya cabeza mira al centro de la escena ;
la izquierda de la escena, mesa velador con pie dorado y de
butacas que hagan juego. Sillas volantes, todo elegante. Sobi
el velador, periódicos ilustrados y timbre eléctrico de mam
La distribución de las puertas es la siguiente : Primera den
cha, paso al despacho de consultas. Segunda derecha, escaler
de servicio. Foro derecha, salida a la calle ; foro izquierdí
paso al interior. Segunda izquierda, paso a las habitacioneí
y primera izquierda, gabinete de la señora de la casa. Detí
lies en 'la habitación, de dinero y buen gusto. Es de día.
Al levantarse el telón, durante el preludio, aparece la escena sola
a poco, sale por la segunda izquierda Elena, dueña de la cas?
con elegante traje de calle ; hace unos gestos de impaciencia y toe
el timbre. Termina el preludio y sale por la primera derecha Fraí ^'
CISCO, criado de la casa, correctamente vestido de frac, con guat
tes blancos de hilo.
FRAN. ¿Ha llamado la señora?
ELENA. ¿Qué hace el señorito?
FRAN. En la consulta ; hoy es día de pobres y se ha deseo
gado medio Madrid. ^1
ELENA. Avísele usted cuando termine.
FRAN. Bien, señora. (Vase por donde vino.)
ELENA. (Sentándose junto al velador.) ¡Tres horas ya si ¡j,
abrazarle I ¡ Esto es demasiado ! Se hace tan largo el tiempo di
rante el noviazgo, que hay que aprovecharse bien cuando una s
casa. (Sale Alberto primera derecha, traje de levita.)
AhB. (Saliendo.) ¿Dónde está esa exigente?
ELENA. (Levantándose para recibirle,) j Alberto I ¡Gracias ||^
Dios! ¿Has terminado?
ALB. Ahora mismo.
ELENA. (Abriendo los brazos.) Entonces...
ALB. (Yendo a su lado.) ¡ Mujer cita mía! (Vein a abrazarse
en cuyo momento vuelve a aparecer Francisco por la primera
recha.)
54
FRAN. Señor : el cliente número ocheta y siete le espera.
ALB. (Interrumpe el abrazo. Yendo a Francisco.) Oye. (Habla
con él en voz baja.)
ELENA. (Para si misma.) ¡Qué oportunidad la del ochenta y
siete! ¡Me ha dejado con los brazos abiertos! (Francisco saluda y
vase primera derecha ; Alberto vuelve hacia Elena.)
ALB. Ya estoy aquí.
ELENA. (Sonriendo.) ¡ Tan pronto i
ALB. Le he encargado a Francisco que le diga al ayudante que
examine al enfermo.
ELENA. (Como antes.) Entonces...
ALB. Lo prometido es deuda. (El mismo juego y aparece Fran-
cisco.)
FRAN. Señor.
ELENA. (Con disgusto.) ¿Otra vez?
FRAN. Perdón, señora, el ayudante reclama la presencia del
señor doctor.
má^ ALB. Dígale usted que estoy muy ocupado.
H|'.FRAN. Bien, señor. (Mutis.)
Hf ELENA, i Qué enfermos tan impertinentes!
ALB. Considera que ellos son los que cimentan mi fama. (Se
¿ienta en el sofá.) Y qué : ¿vienen al fin tus padres y tu hermano?
ELENA. ¡ Ya lo creo ! Hoy les espero en el exprés, para cele-
brar tu ascenso a la cátedra.
ALB. Hoy es día grande para mí. Me ha anunciado su visita
el claustro de profesores y en una carta cariñosísima también pro-
mete visitarme el ministro de Fomento. El día de hoy será una
apoteosis de mi aplicación.
ELENA. Di mejor de tu talento. Pero extraño una cosa.
ALB. ¿Qué, mi vida?
ELENA. La falta de tu padre. ¿Cómo no se ha decidido a ve-
nir?
ALB. Ya sabes lo que ocurrió cuando nos casamos. Mi padre
es un hombre apegado al terruño. No hay quien le convenza y le
haga dejar sus penedos asturianos. ¡ Es tan montaraz !
ELENA. Bien ; pero tu hermana...
ALB. Mi hermana no tiene más opinión que la de mi padre.
ELENA. Me lo figuro : un señor de horca y cuchillo.
ALB. No, al contrario : un viejecito muy llanote y muy senci-
o, que sólo desea mi felicidad. Casi un aldeano ; poco más que un
segador.
ELENA. (Incrédula.) ¡ Bah ; exageras!
ALB. No lo creas. Es tan modesto, que puede que no se haya
dado cuenta de la importancia social de su hijo.
ELENA. ¡ Ilustre catedrático de la Facultad !
ALB. \ Y esposo de una monería como tú I
55
ELENA. (Entusiasmada.) ¡Un abrazo, señor catedrático!
ALB. Y mil besos, ilustre monería. (Al irse a abrazar apati
por la segunda izquierda Casilda, doncella de la casa ; traje negrl
con delantal y guante blanco.)
CAS. (Sale y al ver el cuadro se vuelve de espaldas.) (¡ Deme^
nio!)
ELENA. (Al verla.) ¿Qué querías?
CAS. El maitre d'hotel, que desea hacerla unas preguntas.
ELENA. (Levantándose.) ¡ Ah, sí; para la colocación de U
mesa ! Voy en seguida. (Vase Casilda por donde vino.)
ALB. (Levantándose también.) Pero antes...
ELENA. {Abrazándole fuertemente.) Lo que es este, no haj
maitre d'hotel que me lo quite. (Vase segunda izquierda, despuÁ.
de dirigirla su marido una mirada cariñosa de despedida.) •
ALB. (Después del mutis.) ¡Es encantadora! (Sale Francisco
segunda derecha.)
FRAN. Señor doctor, un hombre pregunta por usted.
ALB. Adviértele que ya no es hora de consulta.
FRAN. Se lo he dicho y no quiere marcharse.
ALB. ¿Pues qué desea?
FRAN. No he entendido bien ; sólo que me ha encargado mu
cho que le diga al señor que es de Tineo. í
ALB. ¿De Tineo? Hazle entrar. |
FRAN. Al instante. (Vase por la segunda.) }
ALB. ¡De Tineo! ¿Será mi?... No; es imposible.
PAT. (Desde dentro, hablando con el criado.) Pero hombre,
¿cree usted que iba yo a engañarle? (Entra por la segunda dere-
cha; es un aldeano como de unos^ cincuenta años, franco, alegre,
muy colorado, con sombrero redondo, faja, traje de pantalón lar-í
go y zapatones. Trae un paraguas grande encarnado, bajo el brazo.)
ALB. (Sorprendido.) ¡Mi padrino!
PAT. (Al verle, sin saber cómo hablarle.) ¡Usté!... ¡Tú!...
(Conmovido y abriendo los brazos.) ¡ Mociño ! j
AhB. (Sin abrazarle.) ¿Usted aquí? M
PAT. ¡Yo!... ¡Yo! Pero, ¿qué haces que no me abrazas? |
ALB. (Desconcertado.) No... yo... ¡ila sorpresa!... ¡la
gría!... (Abrazando, pero a disgusto.)
PAT. Apr,i€ta, que traigo el traje nuevo.
ALB. No sabe usted cuánto agradezco su visita.
PAT. Ya lo sabía yo.
ALB. {Después de una pequeña pausa.) ¿Y cuándo se marcha
usted ?
PAT. ¡ Ah ; no tengo prisa !
ALB. Tanto mejor. Y qué ; ¿cómo van por el lugar?
PAT. ¡Divinamente! ¿Te acuerdas de la vaca de la (cRoxa»?
Pues ha tenío dos terneros. ¿Te acuerdas de la Rosa? ¡ Pues ha te-
56
aío dos mellizos! ¿Te acuerdas del marido de la Rosa? Pues ha
vuelto de América, al cabo de cinco años, arruinao y con tres mu-
latitos.
ALB. ¿Y mi padre? ¿Y mi hermana?
PAT. (Saca una pipa, la llena de tabaco y la eniccnde.) Esos...,
de esos tenemos que hablar.
ALB. (Deteniéndole la acción de encender.) Por Dios, padrino ;
yo le suplico a usted...
PAT. ¿Que te hable de ellos?
ALB. No ; que se abstenga de fumar... por ahora. No es este
sitio apropiado.
PAT. (Guardando la pipa.) Basta ; no hay más que hablar. A
mí, con una ligera indicación, como me has hecho, me sobra. Yo
lo he hecho, porque cuando fumo hablo más de corrió, pero en fin,
si no pué ser, lo dejaré para otro sitio.
ALB. Quiero decir...
PAT. Nada ; por todo el oro del mundo, no me harías encen-
der un pitillo.
ALB. Conque, dígame usted: mi padre...
PAT. Tu padre... ¿Me puedo sentar?
ALB. Sí, perdone; la impaciencia... (Le indica la butaca a .'a
derecha del velador.)
PAT. ( Sentándose.) ¡ Madre de Covadonga, qué blandura ! ¡ Lo
menos has metió aquí un costal de paja !
ALB. (Impaciente.) Pero, dígame usted...
PAT. ¿A qué he venío a los Madriles? ¡ A darle un abrazo al mi
hijo ! ¿No sabes que le tengo aquí de guarnición? ¡ También ese ha
salió listo ! No lleva mas que seis meses y ya es trompeta de Ca-
ballería. Ya lo verás, porque lo he citao aquí pa que venga a darte
.. un abrazo.
ALB. ¿También su hijo?
PAT. También. Te alegras, ¿eh? Pues más te va alegrar otra
noticia.
ALB. ¿Se refiere a mi padre?
PAT. Justo; a tu padre... y a tu hermana, que están desespe-
raos...
ALB. (Apurado.) ¿Qué dice usted?
PAT. De ganas de verte, granuja. ¿Tú crees que se hace el sa-
crificio que por ti ha hecho el pobre viejo pa darte una rarrera y
aluego pasarse sin "ti?
ALB. Ya sabe usted que no le falta nada.
PAT. De dinero, cierto. Desde que te hicieron médico, el po-
bre viejo ha dejado el trabajo y se pasa la vida en la alquería oyen-
do sonar su gaita. Mia tú, lo que antes hacía por oficio, ahora le
5 resulta una distracción.
^ ALB. ¡ Baje usted la voz !
57 ■
PAT. ¡Ah!,.. ¿Ties enfermos en casa, ¿eh? ¡ Glar», G©ni» «re
médico !...
ALB. ¿Y mi hermana?
PAT. ¡Tan rolliza! ¡Con una mano que tie pa el ordeño
Bueno has salió tú, pero lo que es ella no te va a la zaga. ¡ Qué or
gulloso estoy de ser tu padrino !
ALB. Bien, pues ya que ha venido, va usted a llevarles...
PAT. ¿Dinero? ¡No les hace falta!
ALB. Ya lo sé, pero:..
PAT. Además, si quies hacerles algún regalo, puedes dárselo li
mismo, !
ALB. ¡Cómo! ler
PAT. Porque habemos llegao toos juntos esta mañana. (Apare^
ce Elena por la segunda izquierda y queda oyendo.)
ALB. (Asombrado.) ¿Qué están en Madrid mi padre y mi her
mana?
PAT. Como lo oyes. j|mili;
ELENA. (Adelantando.) ¿Han venido? ¡Qué alegría! ¡Al fir
voy a conocerlos! (Patarrete se levanta y queda confuso.)
ALB. ¡ Mi mujer !
PAT. ¡ Ah, es tu... ! Bueno, pues yo soy... Buenos días.
ELENA. (A Alberto.) ¿Quién es; algún criado de tú padreíjrfa,
ALB. Sí... no...
PAT, ¡Cómo criado !
cuan
lom
; A
sOcie
ISÍ t
ALB, (Haciendo la presentación.) Alberto Patarrete, comer jjtifo
ciante en granos, (A Patarrete.) Mi esposa,
PAT. ¡ Buena moza está ! Me gusta. Pero te has olvidao decirk,|c{io,
que soy tu padrino. ¿Lo oye usted, señora? ¡Su padrino! Por es.
el mocico se llama Alberto como yo.
ELENA. ¿Su padrino? ¡Entonces puede usted abrazarme!
PAT. ¡Ya lo creo ! (Al ir a abrazarla, no sabe qué hacer con e
sombrero y el paraguas, los cambia de mano un par de veces y poi
fin tira el sombrero sobre la butaca de la izquierda y el paraguas a
suelo, abrazando luego a Elena.) ¡ Sí que está buena la parienta !
ELENA. Siéntese. usted. (Le indica la butaca, de la izquierda 3
ella se sienta en la otra ; A.lberto pasea nerviosamente.)
PAT. (Sentándose sobre el sombrero.) ¡ Rediez ! ¡ ¡ El nuevo ! 1
¡ Si es una tontería gastarse el dinero en esto ! Hace bien tu padn
en no usar mas que montera.
ELENA. Pero, ¿usa montera? ¿
ALB. Es... costumbre en el país. %
ELENA. (A Patarrete.) ¿Y cómo han quedado?
PAT. ¿Los cuálos?
ALB. Pregunta por mi padre y mi 'hermana,
PAT, ¡ Ah ! ¿Que dónde están? Ahí se han quedao en un chiS'
cón de al lao.
58
" E
Resf
juedi
liboui
P
|E
P
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E
lar
»in ELENA. ¿En un qué?
ALB. Es el nombre de un hotel muy modesto,
i PAT. Hotel, dice la fachada, pero es una posada de mala
auerte.
s ELENA. ¡ Ah, pues no puede ser ; que vengan aquí en segui-
a ! Ya nos acomodaremos como sea. ¿ No te parece, Alberto ?
además, es preciso qué asistan a la recepción.
ALB. ¿Qué dices?
PAT. ¿A la qué?...
!j ELENA. A la recepción. ¿No saben ustedes? Mis padres tam-
.ién llegan en el exprés. Hoy celebramos el nombramiento de Al-
>erto, que lo han hecho catedrático,
'f PAT. Grate... dra... Eso es muy enredoso ; a mí me gusta más
lamarle Albertiño.
;3 ELENA. (Riendo.) ¡ Ah !...*' j Muy gracioso y muy pintoresco !
dígales usted que vengan en seguida. ¡ Qué gusto ! ¡ Toda la fa-
nilia reunida ! ¡ Fiesta completa !
il i ! ALB. ¡ Completísima !
ELENA. (Levantándose.) Perdone usted, padrino; voy a dar
dgunas órdenes.
PAT. Oiga : advierta a los criados que si viene uno de caballe-
■-' ía, lo dejen pasar, que es mi hijo.
ALB. (¡También eso!)
ELENA. Descuide usted; vengo en seguida, padrino. (Vase
' oro izquierda.)
PAT. Mociño, tienes una costilla que es una borona de bizco-
■\ /ho. ¡Madre, qué simpatiquez ! Es un poco así... vamos... Pero en
'» cuanto llevéis un par de años de casaos, se le quitará. La mía era
o mismo.
ALB. Mire usted, padrino ; mi mujer es una señora de la alta
' iociedad ; sus padres, la etiqueta personificada ; y como ustedes son
isí tan... sencillos, francamente, yo desearía que...
PAT. No digas más ; te he comprendido ; procuraremos no me-
^'^ ¡:er la pata. (Vuelve Elena joro izquierda.)
'I ELENA. Ya tienen orden los criados de dejar pasar a su hijo.
Respecto al acomodo, he pensado que tu padre y tu padrino se
' jueden en el gabinete verde ; y a mí cuñada la instalaremos en mi
" (boudoir». No tenemos cama, pero...
PAT. Eso no importa ; se extiende una zalea y tan ricamente.
- ELENA. No ; dormirá en un diván.
PAT. ¿En el desván? ¡No importa! ¡Ha dormido tantas veces
en una era! Pero, ¿no tienen ustedes una zalea?
ELENA. No.
PAT. ¡Qué torpeza!, Al casarse, lo primero que se debe com
prar es una zalea... por lo que pueda venir.
59
ELENA. No tenga usted cuidado, que estará muy bien. (Toci
el timbre ; Patarrete, asustado, pasa a la derecha.) Yo voy a 1^
estación a esperar a mi familia.
ALB. Yo te acompaño. Entretanto, mi padrino irá a buscar a m
padre y a mi hermana y los traerá aquí. (A Patarrete.) ¿No le pa
rece ?
PAT. ¡Ya lo creo! (Abrazando a Alberto y luego a Elena
Adiós, mociña. (A Alberto.) Ten cuidao con la parienta, que m
ha gustao y pue que me la lleve al pueblo como muestra. (FasJjKiAl
segunda derecha.)
ELENA, i Qué gracioso ! Debes tener una familia muy simpá|||^A'
tica a juzgar por tu padrino.
ALB. Pero son tan sencillos... IfAI
ELENA. Por eso mismo. Ya sabes que me encanta la sencillez;!
(Salen segunda izquierda Casilda, con un abrigo y sombrero ele4
gantisimos, que ayuda a poner a Elena, y por la segunda derecha
Francisco, con el abrigo y sombrero de copa que se pone Alberto.}
FRAN. (Saliendo.) Señor, el coche.
ELENA. (A Alberto, mientras se arregla.) Estás preocupado
¿qué te pasa?
ALB. No, nada ; la emoción...
ELENA. Ya me lo figuro : tu padre, la recepción, el nombra
miento... Yo, en cambio, estoy orgullosa con mi marido. ¿Vamos,
señor catedrático?
ALB. Sí ; vamos. (Vanse foro derecha. Al tiempo de hacer mu-
tis.) Oye, Francisco.
FRAN. Señor. (Casilda disimula, arreglando los muebles de U
habitación.)
ALB. Cuando vengan esos aldeanos, déjelos andar por donde
quieran ; son de mi familia. Que hagan lo que gusten. Pero ad-
vierta a todos que no les dejen pasar al salón y mucho menos sí
hay visita, hasta que yo vuelva.
FRAN. Bien, señor.
ALB. (Haciendo mutis.) ] En qué día se les ha ocurrido venir
a visitarme. (Vase.)
FRAN. {A Casilda.) ¿Has oído?
CAS. Yo estoy siempre detrás de las cortinas. (Se oyen voces
de disputa por la segunda derecha.)
FRAN. ¿Qué voces son esas?
CAS. ¡Es en la escalera interior! ¿Serán ellos?
FRAN. Indudablemente^ porque estaban esperando en la calle.
(Dirigiéndose y haciendo mutis por segunda derecha, Co.silda vasí
segunda izquierda.) ¡ Eh ! Déjales pasar ; es familia del señor.
PAT. (Dentro.) Gracias, caballero.
OL
óo
MÚSICA
Al compás de ella entran por la segunda derecha Patarréte, con
un paraguas, tras él Olalla, de aldeana asturiana, con un para-
guas azul bajo el brazo, y detrás Mateo, de aldeano, con calzón
con vuelos blancos, polainas, borceguí de cuero, chaqueta, chaleco
encarnado, faja y montera. Trae una gaita muy adornada al hom-
bro y paraguas encarnado. Pelo blanco, como es natural.
PAT.
MATEO.
PAT.
OLALLA.
LOS TRES.
OLALLA.
MAT. y PAT
LOS TRES.
MATEO.
OLALLA.
PAT.
MATEO.
LOS TRES.
MATEO.
OLALLA.
PAT.
Adelante sin temor
como en nuestra casa.
Yo no puedo del temblor
decir qué me pasa.
De tu chico, el gran doctor,
tengo ya licencia.
Pero entremos, por favor.
(Observando.)
¡ Vaya una opulencia !
Aunque somos marusiños, marusiños ;
me dan ganas de llorar al ver al niño,
y me da ^n las pantorrillas cosquilleo.
Y yo tengo el corazón
saltando de deseo.
¿Pues y yo? ¡De la emoción
estoy que me mareo !
Pero recobremos ,
la tranquilidá.
(A Patarréte.)
Llámale.
(Idem.)
Ande usté.
Voy allá.
¡ Tarda ya !
Entre besos y caricias y apretones,
al muchacho dejaré descuadernao,
porque han sido siempre nuestras ilusiones
encontrarle en este estao :
contento y admirao.
Yo le voy ahora a buscar,
que estoy impaciente.
Le debemos esperar ;
eso es lo decente.
Se le debe de llamar
inmediatamente.
6i
MATEO. Anda tú.
PAT. (Va a tocar el timbre y no se atreve.)
\ Pues no que no !
MATEO. ¡ Zulú !
OLALLA. ¿Lo hago yo? s
MAT. y PAT. Los dos. >
( Olalla y Patarrete oprimen el timbre, qne\
suena y se asustan, retrocediendo»)
LOS TRES. Aunque somos marusiños, marusiños,
etc., etc.
OLA y PAT.
MATEO.
OLALLA.
PAT.
OLALLA.
MAT. y PAT.
j Oh, cuánto deseo
que venga el doncel !
¿Pues y yo?
Yo también.
(A Mateo.)
Quiérele.
(Idem.)
Mímale.
(Mientras Olalla tararea y baila.)
Dónde está mi marusiño,
que le quiero recordar
el afán de mi cariño
y su casa del lugar.
(Mateo toca y los otros bailan hasta el final.
HABLADO ^
OLALLA. ¡ Lo que se va a alegrar mi hermano cuando nos
vea !
MATEO. Yo me he traído la gaita, pa sorprenderle, i Le gusta,
ba tanto oírme! (Dejan gaita y paraguas sobre las butacas y
sillas.)
PAT. Precisamente están de fiesta ; ásí se ahorran el dinero de
los músicos.
MATEO. ( Contemplando a su alrededor.) \ Pero mira que vive
con lujo !
OLALLA. (Idem.) ¡ Mucho mejor que el hidalgo de la casona !
MATEO. ¡Como que es un señor doctor en medecinas !
PAT. ¡Quita!... ¡Eso era antes! ¡Ahora es más todavía!
OLALLA. ¿Habrá estudiao pa otra cosa?
PAT. No sé ; pero su mujer me ha dicho que acababan de ha-
cerle catre... catedral... ¡ Qué se yo ! ¡ Una cosa inmensa ! A mí me
ha parecido algo de iglesia.
OLALLA. ¿Le habrán hecho canónigo?
62
MATEO. Quita, mujer...; j si es casao !
OLALLA. Pues entonces... maestro de escuela.
MATEO. ¡U ingeniero!
PAT. Yo he entendió algo de catredal.
MATEO. ¡ Qué orgulloso estoy de mi mociño !
OLALLA. Toas las angustias pasás dorias por buenas, por verle
" orno le vemos,
r PAT. ¡Bien de dinero te ha costao !
'\ OLALLA. Y hasta fatigas, padrino.
MATEO. Acostarnos muchas veces sin. cenar.
OLALLA. Con borona y aceite nos arreglábamos.
MATEO. ¡ Y too ganao a fuerza de gaita !
PAT. ¡ Lo que has tenío que soplar !
OLALLA. ¡Y lo que yo he trabaja© por esos campos!
PAT. Yo en cambio he soplao más que vosotros y mi hijo no
ha llegao más que a trompeta. Verdá que mi soplen era de sidra.
¡ Pero estoy orgulloso de m.i ahijao !
MATEO. ( Que ha estao cargando la pipa de tabaco, la encien-
de.) Y yo de mi hijo.
OLALLA. Y yo de mi hermano.
PAT. Oye, gaitero : supongo que no te atreverás a fumar en
esta sala.
MATEO. ¿Y por qué no? Mi hijo es el amo ; yo hago aquí lo
que me da la gana.
PAT. Y yo te prohibo que fumes ; porque él no quiere.
MATEO. Mira el caso que os hago. (Le echa una bocanada de
humo a la cara.) Chupa.
PAT. ¡Ah! ¿Te atreves a fumar?
MATEO. Ya lo ves.
OLALLA. Y muy bien hecho.
PAT. (Sacando una pipa y encendiéndola.) Y yo también.
'(Lanzando grandes bocanadas de humo. Sale Casilda por la se-
gunda izquierda.)
CAS. (Avanzando.) Perdonen ustedes: ¿son acaso de la familia
del señor doctor?
MATEO. En persona.
PAT. Yo soy su padrino.
OLALLA. Y yo su hermana.
CAS. Cuando los señores gusten, pueden disponer cómo arre-
glamos su dormitorio.
MATEO. (Yendo a su lado.) De cualquier modo ; con unos
polchones de paja, hay suficiente.
PAT. (Aparte a Mateo.) Date tono, imbécil ; hay que ser ele-
gantes. (A Casilda, echando grandes bocanadas de humo, que
hacen toser a la doncella.) El señor, que es el señor padre del
señor cccatro)..., del señor médico, es muy bromista.
.63
OLALLA. Justo ; el señor padre del señor doctor, desea una
cama canóniga.
CAS. ¿Cómo?
PAT. Dos colchones de pluma, dos colchones de lana, y en-
cima una «zalea».
MATEO. Es la costumbre ; y en la cabecera un retrato de mi
señor hijo. (Casilda sigue tosiendo.) ¿Está usted constipada?
CAS. No ; es el humo.
MATEO. (Incomodado, a Patarrete.) ¿Estás oyendo? ¿No
te dije que no fumaras?
PAT. ¡ Contra ! Pero si fui yo el que te lo dije.
CAS. Los señores se aposentarán en el gabinete verde.
MATEO. Bien ,pensao ; a éste le gusta mucho el verde.
OAS. y la señorita en el budoir.
OLALLA. ¿En el bu... qué?
PAT. No la hagas caso ; yo he hiablao con la parienta y me
ha dicho que es en el desván ande van a meterte.
OLALLA. ¿Yo en el desván?
MATEO. ¿Mi hija en el desván? ¡No lo consiento!
CAS. He dicho en el budoir, la señorita puede venir a verlo.'^
MATEO. (A Olalla.) Quédate tú. (A Patarrete recogiendo su
gaita y su paraguas.) Vamos nosotros, (Así sabremos lo que es
el (cbutuar».)
CAS. (Indicando primera izquierda.) S; los señores quieren
molestarse...
MATEO. (Iniciando el mutis.) Yo me molesto con mucho
gusto. (A Casilda.) Oiga usté, lo de la zalea podrá arreglarse,
¿eh? Es costumbre que tengo. (Vanse.)
PAT. (Deteniéndose.) Escucha, Olallica ; mi hijo va a venir;
ya sabes lo que te quiere ; pero la hermana de un señor que
es más que canónigo, no se puede casar con un chico que es
menos que sacristán. Yo soy justo. Voy a ver el «butuar». (Vase
primera izquierda.)
OLALLA. No tenga usté cuidao. ¡ Yo nov'ia de un trompeta I :
¡ Qué se diría en la corte ! (Sale Francisco segunda derecha.)
FRAN. ¡Señorita!
OLALLA. (Después de mirar a /.'-íií partes.) No está.
FRAN. Es a usted.
OLALLA. (Debe ser alguna visita.) (Placiendo un saludo.)
Servidora de usté.
FRAN. Un soldado, pariente de ustedes, está en la antesala.
¿Puede pasar aquí?
OLALLA. ¿Es Vicentiño?
FRAN. Es... de Caballería.
OLALLA. Que entre en seguida ; ya lo creo. (Vase Francisco
por donde salió.) ¡Pues pocas ganas que tenía de verlo! (Apa^
rece por la segunda derecha Vicente, iraje bastarde grande, de
trompeta de caballería^ con sable.)
VIC. (Cuadrándose en el dintel de la puerta.) ¿Da usi& su
permiso?
OLALLA. ¡V centiño!
VIC. A la orden de usía.
OLALLA. Pero si soy yo.
VIC. Ya lo he visto.
OLALLA. ¿Y no me dices nada?
VIC. (Entrarlo, yero sin abrazarla y sin dejar de estar en
la posición de afirmesn.) \ OlalHca : qué rollizota estás, ladrona !
OI^ALLA. ¡ Y üú, qué guapo con esa ropa !
VIC. Pa servir a usía.
OLALLA. Dame un abrazo.
VIC. No; ique me ha encargiao mi padre que te trate a usía
con respeto,
OLALLA. No le hagas caso y siéntate a mi lao.
VIC. No me atrevo.
OLALLA, ¿Sabes que te cae muy bien el traje? Lo único que
no me gusta es que te haigan pelao a rape.
. VIC. Es la desc:plina.
OLALLA. ¿Y cómo te han hecho la ropa tan estrecha?
VIC, (Dejando la posición.) Como la dan sin temíamos me-
dida, paece talmente que me lo han dejao caer encima. Pero
;1 aire lo arregla too, (Dando un paseo con bastante íiasaúra».
:omo vulgarmente se dice.) ¡ Eso dice el maestro de trompetas I
OLALLA, ¿Eso dice el maestro?
VIC. Y otras cosas más.
i; OLALLA. ¿Cuálas?
^ ' VIC. Que un trompeta puede besar a una muchachiai cuando
,,j |uiera, y, la verdá, un trompeta quiere siempre.
OLALLA. ¿Eso dice el maestro?
VIC. Y debe ser verdá, porque desde que te he visto me han
ntrao unos deseos...
OLALLA. Pues si lo dice el maestro...
VIC. (Yendo a ella.) ¡ Olallica !
OLALLA. ¡ Vicentiño !... (Se abrazan, y cuando van a besarse
j ) parece Patarrete por la primera izquierda y se detienen.)
' PAT. ¡ Eh ! . . . ¿ qué es eso ?
, VIC. ¡Mi padre!
PAT. ¿Qué hacíais tan arrimaos?
OLALLA. Le estaba diciendo un secreio al oído.
PAT. ¿Y pa decirse un secreto hay que juntar boca con boca?
OLALLA. Es que... como le llega de oreja a oreja... {Vicente
ace un gesio para estirar la hoca.)
PAT. Bueno, bastante habéis hablao ya ; tené s que volver a la
fonda.
OLALLA. ¿Para qué?
PAT. Pa tratcr a tu hermano los regalos que se han quedao allí ;
conique, marchaos.
VIC. Sí, padre.
PAT. {Viendo que no se mueve.) Vamos.
VIC. (Sin moverse.) Sí, padre.
OLALLA. {Bajo a Vicente.) Espera un poco.
PAT. ¿Qué pasa?
OLALLA. Es ,que quería decirle...
PAT. ¡Silencio! En esta casa mi hijo es mi hijo y tu padre es
tu padre, y un hijo no es un padre como tampoco un padre es un
hijo. ¿Me he expresao bien? 4
OLALLA. ¡ Divinamente ! *
PAT. El roce con los muebles ; eso "lustra mucho, Andandet
(Y ase por donde entró.)
VIC. ¡ Olallica I
OLALLA. ¡Vicentiño!
MUSICA
LOS DOS. ¡ Al fin ! ¡ al fin ! ¡ al fin !
OLALLA. Ya estás junto a mí.
VIC. Ya estoy junto a tí.
OLALLA. ¡Momento feliz!
VIC. ¡ Momento, feliz !
LOS DOS. ¿Te has acordao de mí?
OLALLA.
VIC.
OLALLA.
VIC.
LOS DOS.
¡ Las veces que allí en la aldea
cruzaste por mi memoria 1
Olalla, me sabe a gloria
recuerdo tan gentil.
Marchando con el escuadrón
caminito de mi cuartel
pensé tan S'ólo en tu amor
y que tú me fueses fiel.
Y yo entre mis vaquiñas
cruzando mis maizales
pensaba en tí tamb'én.
¿De verdad?
Pues ya que juntos estamos
no debes tíe separart€
y a Alberto pedir debemes
mi) í tí
tu j "'^"^ P^"^ ( mí.
66
OLALLA.
VIC.
OLALLA.
LOS DOS.
OLALLA.
VIC.
OLALLA.
VIC.
£OS DOS.
VIC.
OLALLA.
Qué gozo !
Qué gusto I *
Qué dicha !
Y yo seré feliz
estando siempre así.
¡ Los dos ! ¡ los dos ! ¡ los dos !
En gracia de Dios.
Unidos los dos.
Qué dulce sabor.
Tendrá nuestro amor.
Abrázame, por, Dios.
Las veces que yo he soñad©
con ser yo tu maridiño.
Las veces que tu cariño
el sueño me quitó.
Desde que tú v'niste aquí
caminito de tu cuartel,
Olalla siempre te aguardé
recordando, nuestro amor.
Y yo también soñaba :
mas luego despertaba
a coces del furriel.
¡ Qué cruel !
Pues ya que juntos estamos
no debes de separarte,
etc., etc.
Muy pronto.
En seguida.
Hoy mismo.
¡ Ay, como pueda ser,
no' vuelves al cuartel
no vuelvo yo al cuartel.
(Mutis muy animado por la segunda derecha, Al terminar el^
mürnero queda la escena un momento sola, y en seguida aparecen
foro derecha Elena, Alberto, sin abrigo ni sombrero ; doña Victo-
Ha, elegante traje de calle ; don Gabriel, traje de levita, y Héc^
tor, traje de americana ; usa monocle.)
HABLADO
ALB. He aquí nuestra choza, querida mamá.
VICT. Muy confortable y del mejor gusto.
GAB. ¡ Absolutamente !
HECTOR. Au grand chic.
67
VIC.
OLALLA.
LOS DOS.
OLALLA.
VIC.
OLALLA.
LOS DOS.
ALB. Esos cumplidos para mi adorada mujercita.
ELENA. No lo crean ustedes ; él lo ha arreglado a su gusto.
VICT. {Sentándose era la butaca al lado derecho del sofá : Ele-
na en éste y don Gabriel en la aira huiaca.) Querido yerno : aun-
que conozco la exquisita intervención de mi hija, no debemos ne~
gar a usted que hay en este lujo algo de la distinción que le ca-
racteriza'.
ALB. (Excusándose.) \ Oh !
HECTOR. Irrefutable, querida mamá. {A Alberto.) Es usted
un ((gentlemen» completo;
GAB. Siempre lo ha dicho mi señora: lo ique más me encanta
áe Alberto es el cachet, el sprit de su carácter.
HECTOR. Estos no son suegros, querido cuñado ; esto es una
nube de cumplidos. Pacienc a ; ya camb'arán.
VICT. Héctor, no seas impertinente.
ELENA. ¡ Ah ! ¿no saben ustedes? Mi suegro y mi cuñadita
han venido también, {Va a tocar el timbre sobre el velador.)
VICT. j Cuánto lo celebro ! Así conoceremos al resto de la
familia.
HECTOR. (.4 Elena.) Te advierto que he de hacer la corte a
tu cuñada.
ELENA. ¡ Bah ! no seas loco. {Aparecen a un tiempo Casilda
primera izquierda, y Francisco segunda derecha.)
CAS. ¿Qué desea la señora?
ELENA. ¿Dónde está la familia del señor?
CAS. En sus habitaciones están el papá y el padrino del señor.
{A una seña de Elena vuelve a retirarse.)
ALB. ¿Y la señorita?
FRAN. Salió con un militar.
ELENA. ¿Con un militar?
FRAN. Creo que es hijo de su señor padrino. {Se retira a una
señA de Albetto por el foro izquierda.)
ALB, (¡También ha venido!)
HECTOR. ¡Oh!... ¡me encanta la oficialidad de nuestro ejér-
cito ! i He de cultivar su amistad !
GAB. Tengo ya vivo interés en conocerlos.
ELENA. Y yo también.
ALB. (¡ Pues yo est^oy que no vivo !)
VICT. ¿Pero aún no los conoces?
ALB. No ; ya saibe Elena lo que ocurre.
ELENA. Sí ; su padre vive retirado allá en sus iposesiories.
ALB. Justo, como un aldeano ; más aún : como un pastor.
GAB, ¡ Ah ! ya conozco esta clase de campesinos. Señores feu-^
dales, encerrados en sus casas solariegas, tan alt vos como hu-
raños, que desprecian absolutamente a los que creen todavía sus ./
pecheros. \ Me enamoran esos caracteres I ■<
es
HECTOR. Y a mí ; yo no puedo soportar cl roce con la pl^b*.
(Aparece Francisco por el foro derecha.)
FRAN. Señor : el claustro de profesores de la Facultad aguar-
da en el salón.
ALB. ¡Ah, sí!
ELENA. ¡Qué lástima que no h^iya salido todavía tu padre 1
ALB. Mientras tanto puedes enseñia.r a los tuyos sus habita-
ciones,
GAB., {Se levantan.) Perfectamente. {Hacen muHs Victoria,
Elen^ y Gabriel segunda izquierda.)
ALB. (Invitándole.) ¿Viene usted, Héctor?
HECTOR. Yo entraré después del acto ofic'al. Me revientan
las ceremonias, (Se sienta a la derecha.)
ALB. (Aparie a Francisco en la misma puerta.) Francisco, no
olvides mi encargo.
FRAN. ¿Cuál, señoj?
ALB. Mi padre, mi hermana, mi paddno ; no los dejes pasar.
FRAN. Descuide el señor. (Vanse los dos foro izquierda.)
HECTOR. (Paseando hacia la izquierda.) No lo puedo reme-
diar : las enhorabuenas oficiales y las sonrisag académicas me
ponen los nervios de punta. (Sale Olalla, segunda derecha, con
una cesta sin tapas y en ella unu loncha de tocino y un pan gran-
de de borona ; en la mano una lata con asa llena de manteca y un
queso de vacas cubierüo con hojas verdes.)
OLALLA, i Qué contento se va a poner Alberto ! Tráigole
manteca, queso, borona y un pedazo de tocino montañés,
HECTOR. ¡Calle! ¿Quién será esía divinidad campesina? (Se
miran las dos con curiosidad y se echan a reír amistosamente.)
OLALLA. (Para sí.) Debe de ser un criado como los otros.
{Alargándole la manteca.) ¡ Tenga usté ahí, hombre !
HECTOR. ¿Yo? i Divino error! Permítame usted presentar-
me : soy Héctor^ de la Ciénaga, cuñado del doctor Alberto.
OLALLA. Y yo soy Olalla, la hermana del señor catre.,,,
bueno, del señor médico.
HECTOR. ¡Hermana! ¿De leche, quizá?
OLALLA. Hermana de too ; lo que se dice hermana.
HECTOR. ;Ah!... ¡Graciosa! ¡Graciosísima! Luego ese tra-
je... ¡Comprendo! ¡Es una idea piramidal ! ¡ Qué digo piramidal!
¡ E"ffélica ! ¡ Presentarse de esa forma para recordarle sus patrio*
lares !
OLALLA. ¿Sus patios qué? (Aparte.) (¡Debe ser extranjero I)
HECTOR. Perdone usted, señorita, que interrumpa su mo-
nólogo.
OLALLA. Mi mono... ¿qué dice este hombre? ¿Es usted fran-
chute? Yo no entiendo lo que dice.
HECTOR. Que no eníiende... ¡Oh, p'renaico ! ; Ya estoy en
69
el truc ! Fiage usted la simplicidad de dos villanos de sus monta-
fias. ¡Oh, muy pintoresco! ¡ ¡ Epatantís mo 1 ! Dígame: ¿ese es el
traje de los peoheros de su feudo?
OLALLA. Si quie usté que le conteste, há'bleme en presona y
non venga con requilorios. (Pasa a la izquierda y va sacando del
&€sto las cosas para colocarlas sohre el velador, inclinando natural-
mente el cuerpo hacia adelante.)
HiECTOR. i Requilorios ! ¡ ¡ Himalayesco ! ! ( Observándola con
el mono ele. ) \ Oh, qué cintura tan breve! ¡Qué caderas tan am-
plias ! Y no debe llevar corsé. ¡ Qué escorzo ! Ya no hay P ir neos ;
«sas curvas han desbiancado sus protuberancias.
OLALLA. (Terminada su faena vuelve y se queda mirándole^
eara a cara.) Que se va usté a cortar con ese vidrio. (Por el mo-
no ele.)
HEQTOR. ¿Qué vidrio?
OLALLA. Ese del ojo. -
HECTOR. ¡ Ah, el monocle I Es para la vista.
OLALLA. ¿Y no se pone usted mas que uno?
HECTOR. (¡ Me parece que esta joven trata de tomarme el;
pelo!) Señorita, yo le suplico que se deje de brornas.
OLALLA. Que se qui>e usté esO', que me da miedo.
HECTOR. (¡La verdad es que es desconcertante!)
OLALLA. (¡Anda, y habla solo! ¿Estará loco?)
HECTOR. (¡Cómo me mira! ¿Estará en su juicio?)
OLALLA. Diga usté: ¿es de nacimiento?
HECTOR. ¿El qué?
OLALLA. Su... vamos, esa tochadura. (Marcándose con el in^
dice en la sien.)
HECTOR. {Sin comprender y separándose poco a poco.) ¡ Ah^
sí, sí ! (Yo no le llevo la contraria. Y es lástima ; ¡ tan bonita P
¡ Ahora me explico lo del traje !)
OLALLA. (¡ Ay!... ¡A mí dame m'edo este hombre!) (Reiirán^
dose de él.)
HECTOR. (Yo me retiro.) Señorita... (Saluda y Olalla respon-
de con un saludo grotesto.) (¡Lo d'cho : loca perdida!) (Oho salu-
do y otra reverencia.) (Nada ; tiene en el carburador (La cabeza.)
un escape vesubiesco.) (Mutis foro izquierda.)
Olalla. ¡ Probín l ¡ Tan joven y ya tonto ! (Sale Vicente se-
gunda derecha, con dos botellas de sidra.)
VIC. Le traigo una sidra que se va a chuoar hasta el codo.
OLALLA. Calla, no te oiga el loco.
"VIC. ¿Qué loco?
OLALLA. El cuñao de mi hermia.no, que está loco perdido.
VIC. i Pobrecillo 1 Díle que venga al cuartel, y allí con una du-
cha, arreglao.
OLALLA. Vicentín, dame un abrazo.
70 '
VIC. Dámelo tú, que yo tengo las manos ocupadas. (Se abra-
zan. Salen Maieo y Patarrete, primera izquierda.)
PAT. {Al verlos.) ¡ Pero todavía !
MATEO. ¿Qué hacíais?
OLALLA. Abrazarnos.
PAT. Te advierto que hace media hora qu« están así.
VIC. No, padre, este es olro.
MATEO. Bueno ; formalidad y vamos a buscar al mociño que
ya ha llegado, según me ha dicho lia criada.
OLALLA. Eso, al comedor ; yo también tengo apetito.
VIC. Y yo ; que desde el rancho no he probao bocao.
PAT. {A Vicente.) Tú, que no vayas a meter los dedos en la
ensalada, que eso esíá muy feo.
MATEO. Ni .a beber a morro en los platos.
OLALLA. Ni a mojar pan en las salsas.
VIC, ¡Pero qué sus creís ! ¡Apenas si nos enseñan bien en ©1
cuartel ! {Se dirigen hacia el fondo. Aparece foro izquierda Fran-
cisco, que les detierve.)
FRAN. Perdón, señores ; el señorito me ha encargado que no
les deje pasar aiquí.
MATEO. ¡Cómo!
FRi\N. Que le esperen en sus habitaciones ; ahora no le es po-
sible atenderlos.
MATEO. ¿Que no quiere ver a su padre?
PAT. ¿Ni a su padrino?
VIO. ¿Ni a mí?
FRAN. No es eso, es que... perdonen ustedes ; como es un acto
tan ceremonioso...
OLALLA. ¿Y para nosotros gasta ceremonias?
FRAN. Perdonen ustedes ; yo lo siento, pero soy miaindado.
OLALLA, Eso es echarnos, padre.
FRAN. No lo crean
MATEO, Sí ; tiene razón la mociña ; echarnos ; de una mane-
ra fina, pero echarnos.
VIC. Nunca lo hubiera creído.
PAT. ¡ Poriarse así conmigo, que me gasté cuiaindo' el bautizo
más de treinta reales ! Amos, que de rabia lloro.
MATEO. (Sen^tida.) Echarme a mí, a su padre, que se ha pri-
vao hasta de la borona pa darle carrera,
OLALLA, A su hermana, que no se ha comprao una saya en
doce años.
VIC. ¡Maldita sea! ¿Saco el chiarrasco?
MATEO. No, Está bien, nos vamos; dígale -usté que nos va-
mos sin protesta^ sin rencores. Lo mismo que he pasao sin dine-
ro quince años pa hacerlo hombre, pasaré el resto de mi vida sin
71
cariño, pia^ hacerlo personaje. Antes, lloraba por el hijo ausente
mañana, lloraremos por el hijo ingrato.
FRAN, Yo, lo que me mandan; siento mucho... {Vase según
da derecha.)
MATEO.
OLALLA.
MATEO.
OLALLA.
Si cuando yo mendigaba
para el mozo
de mi gaita, al dulce son,
sospecho esta traición...
( Se sienta en la butaca ai lado del velador.)
\ Yo no pude creer
que fuese tan cruel !
¡ Cuántoi este momento
mi alma deseaba !
¡ No me figuraba
que pudiera faltarme su amor I
Gaita, compañera
de mis correrías,
dame tus alegrías
y no me dejes con este pesar.
Si de él te falta el cariño,
yo tu vejez no abandono.
Olvídale, no le maldigas.
Yo soy mujer y le perdono.
Allá en la humilde casona
de la campiña asturiana,
con tui gait ña y tu borona
será esta vez dulce tu vejez.
PAT. V vic:
TODOS.
¡ Recontra-diez !
¡ Se me atasca la hiél !
No llores más,
que no es digno de ti.
Con nosotros allí encontrarás
lo que ingratos ie niegan aquí.
No hay que otorgar
tanto camipoi al pesar. *
Que somos tres
para alegrar tu vejez.
Con nosotros tendrás
siempre allí.
lo que niegan aquí.
Deja al hijo ingrato
que de ti reniega.
72
Deja este boato.
vuelve ai lugai;
que allí lo has de ©Ividar.
Ga'tai compañera
de sus correrías ;
tú que sus alegrías
sabes tan b en,
contesta por él.
i Adiós !
¡ ¡ Adiós ! !
HABLADO
PAT. ¡ Si estuviera él delante, le daba un terniscón 1
MATEO. No, déjalo ; tie razón. ¡ Se avergüenza de nosotros I
OLALLA. Váinonos en seguida, padre.
MATEO. Espera. Voy a recoger la gaita. La que me dió el
dinero pa hacerlo lo jque «s. No quiero abandonarla. ¡ Con cuánta
alegría soplaba cuando sabía que era pa hacerlo feliz ! ¡ Con cuánta
tristeza sonará cuando recuerde su ingratitud ! Creo que s* mi gaita
tuviá un alma, estallara primero que enredarse en sus escalas. ¡ Y
pue que llore conmigo ! ¡ Quién sabe ! ¡ La he contao tantas ce-
sas... de ese hijo! (Vase primera izquierda.)
VIC. ¡ Yo no puedo oírlo con paciencia !
OLALLA. A mí se me cae el techo encima ; vámonos,
PAT. Sí; vámonos. (Al dirigirse a la puerta primera derecha,
cabizbajos, ven la piel del tigre y retroceden asustados.)
LOS TRES. {Dando un grito.) ¡ j Ah ! !
OLALLA, ¿Qué pasa?
PAT. {Señalando la cabeza del tigre.) ¡ Mira lo que han pues-
to ahí !
VIC. ¡ Pa devorarnos !
PAT. Saca el sable, Vicente ; saca el sable.
VIC, Si no tiene filo.
OLALLA. {Cogiendo un trozo de borona del cesto y echándole
pedazos a la cabeza del tigre.) Espera a ver si lo adormezc©.
¡Chucho! ¡Pchs! ¡ Pchs ! ¡Chucho!
VIC. No se mueve.
PAT. Estará adormeció.
OLALLA. ¡ Quiá ! Está acechando pa echarle mano al prime-
ro que pase.
PAT. Pero ¿por dónde ha venío esta fiera que yo no la he vist©
hiRsta ahora ?
VIC, Es un domedarlo, y a esos bichos no se les siente hasta
que están encima.
OLALLA. Ven ; vámonos por aquí.
PAT. Sí ; puede que haiga otra puerta pa marcharnos.
73
VIC. Que no nos sienta, no se nos vaya la echar encima ;
que comO' yo encuentre por ahí una escopeta, verás el tiro que voy
a darle.
OLALLA. ¡Cuidao!
PAT. ¡Cuidao! {Vanse los tres primera izquierda. Salen fon-
do izquierda Elena, doña Victoria, sin abrigo ni sombrero ; AU
, berto, Héctor y don Gabriel.)
ALB. ¡ Gracias a Dios que nos hemos quedado en familia I
HECTOR. Ahora a la mesa.
GAB. Y en seguida, a la Facultad.
VICT. Pero, ¿y su familia?
ELENA. Es verdad; ¡cómo no han salido todavía!
HECTOR. Yo he visto antes a su hermana. Por cierto que
me chocó mucho su indumento'.
ALB. ¿La ha visto usted?
HECTOR. Y hemos hablado lo bastante.
ALB. (i Qué habrán hablado, Dos mío!) {Casilda, saliendo
primera izquierda.)
CAS. Señor : su familia quiere marcharse sin que la vean.
ELENA. ¡ Que se marchatn !
GAB. ¿Por qué?
CAS. No sé ; pero están íodog muy tristes, y su padre llora.
ALB. Que vengan en seguida. (Vase Casilda.) ¿Qué les ha-
ferá ocurrido?
ELENA. Alguna indiscreción de los criados.
VICT. O tal vez el exceso de alegría al conocer su nueva po-
sic'ón.
HECTOR. (Aparte a su madre.) O alguna lectura de la her-
manita, que está de remate. (Aparecen por la primera izquierda
Mateo, Olalla y Patarrete, cogidos de la mano y con la gaita y los
Paraguas.)
MATEO. (Digno.) Con permiso de los señores,
ALB. (Yendo a él.) Padre...
MATEO. (En un arranque.) Hij... (Conteniéndose dolorido.)
Aparta, ingrato.
GAB. ¿Su padre?
VICT. Pero, ¿ese es su padre?
HECTOR. ¡Un aldeano!
PAT. Sí, señor ; y yo su padrino.
GAB. Pero, ¿qué familia es ésta?
ALB. (Digno.) La mía, caballero.
HECTOR. Ya, ya lo vemos.
ALB. (Desafiando.) ¿Qué significa esa reticencia?
VICT. ¡ Qué ridículo tan espantoso !
HECTOR. ¿Este es el señor de horca y cuchillo?
MATEO. ¡Eh! ¿Qué dicen esos señores?
74
OLALLA. No le hagia- usted caso, padre, que uno d« ellos-
•stá loco.
HECTOR. Ahora me explico el lenguaje de la joven.
ALB. ¿Cómo?
HECTOR. Señor mío, cuando uno dispone de una familia tan,
plebeya, idebe buscar su compañera entre las gentes de su clase.
ALB. (Agresivo.) ¡ Cama.lla !
ELENA. (Abrazándose a él.^) ¡Alberto, por Dios!
OLALLA, j Hermano !
PAT. ¿Le pego yo?
ALB. Estas gentes, pobres en su vestir y ricas en sus senta-
mientos, son más nobles que usted con sus arranques aristo-
cráticos,
HECTOR. Me dará usted una satisfacción.
PAT. (A Mateo.) Déjame ha, gaita, hombre.
ELENA. ¡ Alberto ! ¡ Héctor 1 ¡ Por mí !
OLALLA, Pero, ¿por qué le haces caso, si está loco?
VICT. ¡ Esta situación es violentísima !
GAB. Así lo creo. Y una vez que usted ha sorprendido nuestra
uena fe, nosotros nos retiramos, ya que no podemos hacer otra
cosa.
ELENA. (Digna.) No, padre ; ni permito que se marchen us-
tedes ni (Ollero que se desprecie así a la familia de Alberto^.
HECTOR. ¡Hermana!
ELENA. Es mi deber ; él es mi marido, y su familia es la
mía.
MATEO. No ; ya voy comprendiendo. Quédense todos. Ya veo
mi falta. Perdón ; me cegaiba el deseo de abrazarte : yo no veía
mag que esto. Nosotros somos los que nos marchamos.
ELENA. (Abrazándole.) Usted no debe abandonarnos.
MATEO. (Idem.) Eso es digno de usté. (A Alberto.) Quiérc-
la como ella se merece. Y a esos señores, que no comprenden lo
que es educar a un hijo a costa de sudores y fatiga-s pa verle^
hecho luego un caballero, perdónalos y na más. A mí me aguar-
dan nuestras montañas. (La orquesta recuerda muy piano el mo-
tivo del primer nmmero ; a Patarrete, Mateo, Alberto, Elena y
Héctor, Se le saltan las lágrimas ; este último queriendo disimular.)
ELENA. (A sus padres.) Son sencillos, pero no por eso debe-
mos despreciarles.
VICT. Pero tu maridOi^..
ELENA, Su m.ayor gloria esíá en haber sabido elevarse.
HECTOR. (Enternecido y limpiándose una lágrima.) ¡Oh! ¡A
una altura esferoidal ! ^Alberto, perdón ; he aquí mi mano. (Pa-
sando a su lado.) Soy un impulsivo.
GAB. ¿Te pasas al enemigo?
^ HECTOR. Me paso al lado de la razón.
I
I
OLALLA. Si no me diera vergüenza le daba a usle4 un abraza
ELENA. (Abracando a Héctor.) Gracias, hermano.
PAT. {A Victoria y Gabriel.) Y ustés, conmuévanse ; que Hora
su hija y su hijo y la hija de éste (Por M,a)teo.) y mi hijo...'
¿Dónde está mi hijo? {Victoria, Gabriel y Elena se abrazan. Salt^:
Casilda, asustada por la segunda izquierda.)
CAS. i Ay, señorita ; ese hombre eslá loco !
ELENA. ¿Quién?
CAS. Un soldado que anda revolviendo los peroles de la
ciña.
PAT. ¡Mi hijo!
ALB, ¿Para qué hace eso? [Aparece Vicente, sable en manOi
foro izquierda, y poco a poco, se coloca tras el sofá, dándole un
golpe en la cabeza a la piel de tigre.)
VIC. ¿Ha falleció ya la fiera?
ALB. ¿Qué fiera es ésa?
VIC. Esa que está r-hí debajo del sofá. (Todos ríen; Albertt
explica por señas a su jarnilia el objeto a que dedica dicha piel*
HECTOR. ¡Qué zoquete!
OLALLA, (a Vicente.) No tengas cuidao, la fiera está aman-
sada.
VIC. ¿Por la fuerza?
OLALLA. Por la dulzura. Como se humanizan todas las fie-Ü
ras : tocándolas el corazón.
HECTOR. ¡ Pristi ! ¡ Esa frase no es de loca !
OLALLA. ¿Y quién le d'ce a usté que yo lo sea? Aquí no
hay más que sentimiento. Mucha rudeza, mucha ignorancia. So-
mos campesinos, perp con un corazón ¡ así de grande ! (Forman
grupo : Alberto, abrazado a su padre y hermana ; Elena con sid
padre ; Héctor con Victoria, y Patarrete con Vicente, a quien ex2^'
plica lo de la piel del tigre, y ríe a carcajadas. Cuadro. Fuerte erú,
la orquesta y
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